Opinión

Una proeza sin magia

En el futuro, nadie recordará cómo Bam Adebayo alcanzó los 83 puntos. Porque ahí, en el cómo, radica la decepción de una noche que debía haber sido gloriosa, pero terminó con un asterisco.

Bam Adebayo, pívot de los Miami Heat, hace un mate durante los 83 puntos que le metió a los Washington Wizards.
Rhona Wise
Juan Gutiérrez
Subdirector de AS
Subdirector de polideportivo. Ha desarrollado toda su carrera en AS desde 1991. Cubrió dos Juegos Olímpicos, siete Mundiales de ciclismo y uno de esquí, 12 veces el Tour y la Vuelta, seis el Giro… En 2007 fue nombrado jefe de Más Deporte, puesto que ocupó hasta 2017, cuando ascendió a subdirector en las áreas de Motor, Baloncesto y Más Deporte.
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Todo deportista merece su momento de gloria. ¿A cualquier precio? Ver el nombre de Bam Adebayo situado entre los de Wilt Chamberlain y Kobe Bryant chirría a primera vista. Otros dirán que daña los ojos. Pero ahí está. Y nadie podrá arrebatarle nunca ese gustazo. Adebayo metió sus 83 puntos en el tiempo reglamentario de un partido oficial de la NBA. Eso es inamovible. Solo los 100 del incomparable Chamberlain asoman por delante. En el retrovisor quedan los 81 del añorado Kobe. La primera rareza del récord es el perfil del conquistador, que no es un jugador de ataque, ni una superestrella. Su mayor marca en la presente temporada era de 32 puntos y su promedio estaba en 19. Nada auguraba una actuación cósmica.

Eso no es óbice para que un día alguien se levante tocado por las hadas. Sus 31 puntos en el primer cuarto del partido sí fueron magistrales. Incontestables. Bam ha sido tres veces All-Star y luce dos oros olímpicos, así que goza de cierto talento. La inspiración puede inundar en una fecha determinada a cualquier deportista de élite. Esta mañana recordaba con los compañeros cuando Bob Beamon saltó 8,90 en longitud. Nunca después pasó de 8,22. Antes no había superado los 8,33. Aquel récord quedó para los anales, igual que quedará la proeza de Adebayo.

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En el futuro, nadie recordará cómo alcanzó el registro. Porque ahí, en el cómo, radica la decepción de una noche que debía haber sido gloriosa, pero terminó con un asterisco. Las constantes faltas de los Heat a los Wizards para abreviar el crono, los 43 tiros libres lanzados por el protagonista, el tiro libre en fallo de un compañero para que él cogiera el rebote… Esto por no hablar de que los propios Wizards, por mucho que al final se resistieran, llevan tiempo jugando a perder, por aquello del tanking y los drafts del futuro. Hay muchas sombras en torno a una gesta que debería haber sido mágica.

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