Una primera parte vergonzante de brazos caídos condena al Zaragoza
El partido era otra final por la permanencia, pero el equipo de Sellés, en trance de lo peor, salió a verlas venir, pasivo, sin tensión ni aplicación.


Una primera parte de brazos caídos condenó al Real Zaragoza a una derrota casi definitiva en su segunda final por la permanencia en febrero. El equipo de Rubén Sellés se jugaba media vida en Andorra, pero salió a jugar andando, sin tensión ni aplicación, y regaló un partido que define en gran medida su futuro: es último clasificado, a seis puntos de la salvación, y sólo ha sumado nueve puntos en las últimas once jornadas, una serie catastrófica que conduce directamente a Primera Federación.
Apretado por las circunstancias, Sellés aparcó el 4-2-3-1 y reordenó a su equipo en un 4-4-2, con Soberón y Dani Gómez como pareja de delanteros, mientras devolvió a Valery, uno de sus preferidos, a la banda izquierda en perjuicio de Cumic o de Cuenca. Aunque por encima de la táctica o de la elección de jugadores están siempre la actitud y el compromiso y el Zaragoza careció de las dos en el primer periodo. No tuvo de nada, ni vergüenza ni dignidad, en un ejercicio intolerable en el fútbol profesional.
El partido era otra final por la permanencia, pero el Zaragoza, como tantas veces en este malhadado campeonato, salió a verlas venir, pasivo, con dos o tres marchas menos que el Andorra, y a los ocho minutos ya tenía el marcador en contra, una losa que se haría todavía más grande con un segundo gol local a balón parado que acabó de retratar a un equipo moribundo y a un técnico con un discurso agotado. Y aún pudo ser peor, porque, literalmente, el Andorra jugó sin oposición durante toda la primera parte.
Sellés no hizo cambios en el descanso y las cosas se le acabaron de complicar al Zaragoza con la expulsión de Insua por doble tarjeta amarilla en el minuto 50, pero un golazo inmediato de Dani Gómez, tantas veces ignorado por este entrenador, metió de nuevo al equipo aragonés en el encuentro. El Zaragoza, con uno menos, tuvo en la segunda parte el amor propio, el pundonor y las ganas que le habían faltado, pero no le alcanzó ni para llevarse un punto.
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El Zaragoza, hagámonos a la idea, está en trance de lo peor.
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