Tranquilos, Bellingham no es Cassano
Jude tiene 22 años y todo el derecho del mundo a salir alguna noche. Lo reprochable sería que lo hiciera descuidando su necesario descanso.


Entiendo que haya colegas o algún aficionado que se haya sentido molesto por la pintoresca y vinícola celebración de Bellingham tras su golazo al Mónaco. Es curioso que escenificara un reproche a todo lo que escupen los haters en las redes sociales, ese basurero donde el halago es un animal en extinción y el insulto el desayuno de cada día. Sin quererlo, el bueno de Jude había publicitado ese indemostrable reproche hacia el británico porque había muchos seguidores blancos que desconocían el asunto. No todo el mundo consume el fast food de esas redes empeñadas, por parte de alguno de sus inquilinos, en convertir el mundo en algo zafio y pestilente.
Bellingham tiene 22 años y todo el derecho del mundo a salir alguna noche con su novia o con algunos amigos dado que Madrid es una ciudad maravillosa y atractiva a cualquier hora. Lo reprochable sería que lo hiciera descuidando su necesario descanso o perjudicando su imponente forma física. Pero no olviden que los clubes de élite tienen ahora dietistas, nutricionistas, fisiólogos y analistas que les cazarían a la primera si se echasen al monte. Hoy día no es posible un Cassano, ese italiano que aterrizó aquí con ocho kilos de más y que se hinchaba a bollos mojados en leche para irse a la cama. Bellingham es un atleta. Y un espléndido futbolista. Jude, este brindis va por ti.
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