Opinión

‘Poliki, poliki’

La Real se enfrenta al Athletic con el sueño de la final en el horizonte, pero sabedora de que primero debe hacer las cosas muy bien en San Mamés.

Mikel Oyarzabal trabaja en Zubieta en la previa del Athletic-Real Sociedad de semifinales de Copa en San Mamés.
JAVI COLMENERO
Marta Gonzalo
Redactora en Gipuzkoa de Diario AS
Nacida en San Sebastián en 1978. Dio sus primeros pasos en el Diario Vasco, y después ha trabajado en La Gaceta de Salamanca, la revista Pronto, Mundo Deportivo y El Desmarque, como delegada en Gipuzkoa. En 2013 creó un boletín de noticias mensual para la Asociación de Españoles en Chequia. En mayo de 2025 entró en el Diario AS en Gipuzkoa.
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Da gusto ver la metamorfosis de la Real Sociedad de Matarazzo en este 2026: invicta, con una confianza bárbara y sin dejarse amedrentar por nadie. Lo mejor es que parece que el equipo no se vuelve loco: saben gestionar las pulsaciones cuando el partido se calienta, y tiene esa madurez que hace falta para asaltar estadios como San Mamés. Rino lo clavó en rueda de prensa: “primero Bilbao y luego Sevilla”. Sin rodeos. Sabemos que la final está ahí mismo, pero el míster tiene a los todos centrados en que el primer golpe hay que darlo hoy, sabiendo que el remate final será en marzo con la afición txuri-urdin apretando en casa.

La Real vuelve a verse las caras con el Athletic apenas diez días después de aquel derbi de Liga que dejó un sabor de boca bastante raro. Sobre todo a un Brais Méndez que tendrá ganas de revancha tras ver una roja por el forcejeo con Paredes, un castigo que no se creía nadie. No hay mejor justicia que ver a Brais dando un recital para demostrar que al fútbol se juega con la pelota, no con el VAR. Con Remiro en el mejor momento de la temporada, la sala de máquinas engrasada con Gorrotxagi, Soler y Turrientes, y la pareja Oyarzabal-Guedes enchufada, la Real se presenta en San Mamés con respeto pero sin un gramo de miedo.

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Pero lo que de verdad tiene con la ilusión disparada a la afición blanquiazul es esa espina que tiene clavada desde 2021. Levantar la Copa en Sevilla fue increíble, inolvidable, pero celebrarlo en un estadio vacío fue un poco como un café sin cafeína. Esta vez los txuri-urdin quieren el pack completo: Sevilla teñida de blanquiazul, las calles a reventar y a la afición empujando en La Cartuja. Escalón a escalón. Hoy no es día de especular ni de mirar el calendario, es día de salir a morder desde el túnel de vestuarios. Se trata de dar un golpe en la mesa, de esos que dejan el ambiente helado y que permita volver a Donostia con la sensación de que el feudo de la Real dictará sentencia. ‘Poliki, poliki’.

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