Paz florentina
El órdago de Florentino con la Superliga, a pesar de no tener todas las cartas para ganar el juego, ha hecho que la UEFA espabile y reparta mejor el pastel.


Mientras los prebostes de la UEFA se desviven por alabar la generosa contribución de Florentino Pérez al acuerdo sobre la Superliga, en el ambiente queda la sensación de que Ceferin ha ganado la batalla. Es indudable que el organismo europeo sale vencedor en cuanto que ya nadie va a promover una competición al margen de las suyas. Por mucho que los tribunales confirmasen lo ilegal su monopolio, este acuerdo les garantiza la falta de competencia y el control del espectáculo. Nadie se atreverá ya a rivalizar con el superorganismo europeo, han asegurado sus poltronas, sus privilegios y su mando, aunque vayan a tener que hacer algunas concesiones.
Esos cambios y cesiones que ya se han llevado a cabo y los que se implementarán en el futuro son, por mucho que les moleste a algunos, consecuencia de la rebelión liderada por el Real Madrid. El órdago de Florentino, a pesar de no tener todas las cartas para ganar el juego, ha hecho que la UEFA espabile y reparta mejor el pastel, pero seguirá controlando el negocio, como una banda de hampones que ha visto su amenazado su poder y llega a un pacto para perpetuarse.
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