Man(é) of the match
Las decisiones en los minutos finales de Ndala Ngambo cayeron en un vaso que ya estaba lleno.

Han pasado tres días, y quienes tuvimos la suerte de poder ver la final de la Copa de África, aún estamos digiriendo todo lo que sucedió bajo la lluvia en Rabat. Aquella noche será recordada y (como dicen los horteras) revisitada durante eones. Sobre el papel, sabíamos que íbamos a asistir a un buen espectáculo. Se encontraban los que han sido los mejores equipos (con permiso de Nigeria) de la que quizá haya sido futbolísticamente la mejor Copa de África de la historia. Tanto Marruecos como Senegal disponen de planteles que bien podrían envidiar la mayoría de las selecciones europeas y americanas. Ambas cuentan con un buen equilibro entre talento y músculo, y con sendos entrenadores capaces de ordenar con rigor táctico a sus jugadores.
Sabíamos, como digo, que veríamos un buen espectáculo. Pero cómo prever que el sentido de la palabra trascendería con mucho lo que al fútbol se refiere.
Quienes hemos seguido durante tiempo las Copas de África sabemos que existe una tendencia bastante acentuada por parte de los árbitros a pitar, digamos, con viento a favor para el equipo local. No es algo exclusivo de allí. Sucede en todas partes que la inversión en infraestructuras del anfitrión suele venir acompañada con cierta cantidad de jugadas a favor. No habría sido el primer campeonato en el que la balanza se desnivela así. Pero las decisiones en los últimos minutos de Ndala Ngambo cayeron en un vaso que ya estaba lleno. De ahí la reacción de Pape Thiaw tras la decisión del árbitro congoleño con el penalti a Brahim y todo lo que sucedió después.
Es una de las consecuencias del VAR: a los trencillas se les terminó la coartada del “no la vi”. Qué paradójico, que los árbitros estén más indefensos con la tecnología que vino a ayudarlos. Pero sucede que, sin el recurso del error humano que justificaba todo, el videoarbitraje deja el terreno abonado a los discursos que van de la sospecha a la conspiranoia.
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Con todo, a mí la reacción de Thiaw me parece fuera de lugar. Al final, el mejor comportamiento vino de donde podíamos intuir: Sadio Mané. Qué jugador, qué tipo, qué saber estar. Fue el mejor, en todos los sentidos.
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