Maledicción italiana
Italia nunca ha tenido un entrenador extranjero, pero quizá es el momento

Sí, no se me ocurre mejor calificativo para lo que ha sido la tercera ocasión, consecutiva, en que la Azzurra ha fallado en la repesca para ir a un Mundial de fútbol. Y se dice que, con 48 equipos, la FIFA había abierto las puertas a una competición pobre, donde muchos partidos iban a ser goleadas, y todo lo negativo que se le pueda ocurrir al lector.
Sin embargo, Italia ha quedado fuera de ese Mundial “abierto”, y ya van tres seguidas. ¿Significa esto que los equipos están cada vez más cerca unos de otros y que, deportivamente, cuesta ganar? ¿O, por el contrario, es Italia la que tiene un grave problema, no solo con su selección, sino también con sus clubes (como estamos viendo en las competiciones europeas)?
La verdad es que hay de ambas cosas, y mis amigos italianos, llorosos ellos, pero con gallardía, me comentan que el fútbol transalpino es quien está, de verdad, muy mal. No saben decirme las causas exactas, pero van desde el excesivo pago a los jugadores, a cambio de aportar poco (algo demasiado fácil de señalar, a mi entender), al olvido de la “primavera”, la cantera italiana, a una forma de jugar al fútbol algo trasnochada, etc...
Quizá sea esa variada panoplia de causas las que han llevado al fracaso de nuestros primos latinos, pero, lo que parece que el gobierno italiano quiere es un cambio en las estructuras político-deportivas, sin mirar a lo que está pasando más abajo. Así, han dimitido el presidente de la federación, Gravina, el director deportivo Buffon y el entrenador Gattuso.
Pero será eso bastante, si no se mira a la raíz? Se plantea, para las elecciones del 22 de junio próximo (en pleno Mundial, para más recochineo…) la (re)candidatura de Abate, que ya dimitió tras el fracaso de 2014, cuando la Azzurra no pasó de la primera fase. Más de lo mismo entonces… O la del presidente del Comité Olímpico Italiano, que ha tenido muy buenos resultados para Italia, en otros deportes, pero ¿y en el fútbol?
En cuanto al entrenador, suenan Albertini, Del Piero o Maldini. Son nombres importantes, pero ¿serán buenos directores de juego? Sabemos que Italia nunca ha tenido un entrenador extranjero en toda su historia, pero, si quiere cambiar su forma de jugar, quizá sea el momento de buscar sangre fresca, fuera de sus propias fronteras.
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Esa es la disyuntiva, pero no podemos permitirnos un Mundial más sin Italia, sobre todo cuando sea el nuestro en 2030… Y, como recomendación, vuelvo a Santiago Díaz y el nuevo volumen de mi tocayo Jotadé Cortés, el subinspector de policía gitano, en su novela El amo. Disfruten y cuídense
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