Los regalos de José Mourinho
No me llevaba bien con José Mourinho. Tuvimos varios momentos complicados en nuestra relación entrenador-periodista e, incluso, me reprochó actuar “como un reportero español” en vez de francés. En su boca era un reproche, pero para mí era un halago. No hay nada mejor para un guiri que integrarse tan bien en un país que te confundan con un nativo. Creo que el Special One no hizo lo que tenía que hacer en el Madrid y que su legado no es tan importante como lo pretenden los numerosos seguidores que todavía tiene en España. Sin embargo, como soy una persona honesta, debo reconocer que Mou nos dejó dos enormes regalos que todavía seguimos disfrutando. El primero se llama Luka Modric. Si no fuera por su empeño en ficharlo y su fe ciega en el croata, aunque sus comienzos fueran difíciles, no hubiéramos vivido tantos momentos de magia.
Me acordé de Mourinho el pasado domingo cuando Lukita marcó su golazo y que el Bernabéu le dedicó una de esas ovaciones que ponen los pelos de punta. También me acordaré del técnico portugués esta noche porque, segundo regalo, fue él quien volvió a dar interés por la Copa del Rey en el seno del club y del madridismo. Seguramente porque sabía que era el único título que podía ganar frente al Barça de Guardiola desde la primera temporada pero fue esencial en el debut de la reconquista de la supremacía del Madrid.
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