Liga retro, Champions ‘vintage’
Lo retro demuestra también una insatisfacción con un presente que no acaba de funcionar.

Los chavales de los 80 nunca habíamos oído eso de vintage. Ni siquiera nos gustaba lo retro, huíamos de lo que oliese a antiguo, por muy esplendoroso que fuese el pasado. La modernidad había arrasado con todo, y todavía molaba. En el fútbol nadie se hubiese puesto una camiseta de algodón de Di Stéfano pudiendo llevar cualquier modernidad sintética o acrílica de Adidas y de Meyba. ¿Para qué mirar atrás?, pensábamos entonces.
El pasado nos invade. La Liga prepara un desembarco retro en abril, con los 38 equipos de Primera y Segunda vistiendo uniformes inspirados en camisetas míticas. La iniciativa ha sido muy celebrada, pese a cierta confusión entre retro y vintage. Vintage, que pronunciamos todos a la francesa (y mal), en plan “vintash”, sin recordar que es una palabra inglesa (que significaba vendimia, y luego derivó en añada) que se pronuncia “vintich”, es todo aquello que tiene ya unos años, no los suficientes para ser considerado como antigüedad, pero empieza a tener valor antes de tiempo. Vintage en el fútbol serían las primeras Copas de Europa del Madrid, un jersey negro de Iríbar y esas imágenes gloriosas que descubre el dos veces grande Paco Grande en su programa de TVE. Retro son esas camisolas nuevas de la Liga que homenajean a las originales.
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Si el problema de lo vintage es que cada uno recuerda su propia juventud, y juventudes hay muchas, y muy distintas; lo perverso de celebrar lo retro es que no solo remite a la nostalgia del pasado. Sin darnos cuenta, lo retro demuestra también una insatisfacción con un presente que no acaba de funcionar. Uno, que es más vintage que retro, y que cuando llueve dice que hace un tiempo de Fritz Walter, como los teutones clásicos, adivina que al Real Madrid en la Champions solo le puede salvar un empujón vintage. Mientras Atlético y Barça deberían huir de aquellos choques clásicos con el Tottenham (5-1 abajo en la final de la Recopa del 63) y con el Newcastle (el del hat-trick de Asprilla, y aceptamos que 1998 es vintage porque ese partido lo jugó John Barnes), los blancos están obligados a olvidar este presente. Sólo su espíritu ganador vintage puede seguir metiendo miedo al modernísimo Manchester City.
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