Laporta contra el aburrimiento
Resultan interesantísimos los parones de selecciones para los aficionados del Barça porque es cuando prestamos atención a todo el salseo que habitualmente rodea al club. Esto no quiere decir que durante las semanas de competición pasemos olímpicamente de todo, como puede parecer, tan solo es que, con el equipo volando en las tres competiciones, más toda la actualidad que suele generar el clan Pantoja, que es el madridismo de la televisión generalista, tendemos a descartar los asuntos extradeportivos como el que dice no a las filloas después de calzarse un buen cocido.
La oposición ha vivido su semana grande gracias a la emisión de Laporta Gate- El Caso Reus 2, un documental con influencias de true crime en el que se esboza la presunta vinculación de Joan Laporta en una serie de irregularidades que culminaron con la desaparición del club tarraconense. Sin entrar en mayores consideraciones, pues el caso está judicializado y de poco sirve la especulación, lo que más llama la atención son los testimonios de las hermanas Tartas, dos inversoras que, aseguran, tenían casi que espantarse al propio Laporta, día sí y día también, ante su empeño groupie por conocerlas en persona, digo yo que para echarse unas fotos y presumir, luego, en su cuenta de Instagram.
También los grupos de animación han aprovechado la semana para dar el cante, algo lógico atendiendo a su naturaleza. Los habituales del Palau, los Dracs, abandonaron la grada durante el partido contra el Zalgiris. La presencia masiva de aficionados de equipos rivales durante los partidos como local viene siendo una constante durante toda la temporada y los más puristas del lugar han dicho basta, pero sin terminar de explicar cuál sería la alternativa a que tantos socios prefieran vender sus localidades en lugar de acudir a los partidos: ¿impedir la entrada a los turistas que llenan Barcelona? ¿Dejar esas entradas libres sin vender? ¿Exigir a Laporta que vaya casa por casa reclutando a más espectadores para acudir al Palau? A ver si va a tener razón un buen amigo mío que, asegura, la mayor amenaza que debe enfrentar esta junta directiva es el aburrimiento.
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