Opinión

La matrioshka futbolística

Desde que la Supercopa de España se celebra en Arabia Saudí, cuatro de las finales han involucrado a Real Madrid y Barcelona. Es ya un clásico del Clásico, el metaclásico...

Final de la Supercopa de 2025 entre Real Madrid y Barcelona.
DAVID ALIAGA | DiarioAS
Lucía Taboada
Actualizado a

Desde que comenzó este siglo, la Supercopa de España ha terminado 18 veces en manos de Barça o Real Madrid, de un total de 24. Es decir, un 75% de las veces se ha ido a Madrid o Barcelona. Así que tampoco debería escandalizarnos a estas alturas el hecho de que desde que la Supercopa se celebra en Arabia Saudí, cuatro de las finales hayan involucrado a ambos equipos, incluida la de mañana. Es ya un clásico del Clásico, el metaclásico, la matrioshka futbolística: en el último jarrón o recipiente nos encontraremos casi siempre con las dos mismas muñecas.

Sin embargo, sí debería escandalizarnos, o al menos molestarnos, que el sistema actual esté destinado básicamente a maximizar la presencia de los dos grandes, cuando esa presencia, de facto, ya estaba casi consolidada. El formato ya ni siquiera se molesta en disimular su vocación. Para corresponder al interés casi exclusivo del aficionado saudí por Real Madrid y Barça, el sorteo actual, con ambos equipos metidos en el mismo bombo para evitar su cruce en semifinales, se autojustifica en ese sentido. Del mismo modo que debería escandalizarnos, o al menos molestarnos, que tampoco haya sorteo puro en Copa, que los participantes de la Supercopa queden emparejados automáticamente con equipos de menor categoría en octavos, aún sin haber disputado rondas previas.

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Dicho esto, desde luego hay formas de luchar contra la inevitabilidad planificada y el Atlético de Madrid renunció a ellas el pasado jueves por su falta de puntería ante un insípido rival. Los de Simeone parecen condenados los últimos años a ser un equipo que agradece la exótica invitación y se vuelve al aeropuerto a hacerse los kilómetros de vuelta a casa. Así que antes de lamentar que el fútbol español haya entrado en un bucle hegemónico tedioso (no para los gozosos jeques, claro), conviene recordar que las series largas no solo se mantienen por el éxito de los protagonistas, también por la incapacidad de los secundarios de robarles protagonismo.

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