La hipocresía del fútbol podrá con la lucha contra el racismo
No, Prestianni, en esta ocasión no diste una patada al balón, lo que hiciste fue lanzar un aterrador mensaje al mundo de que todavía hay seres que no evolucionan.
El fútbol es menos deporte desde la noche del martes. Una vez más, un protagonista, por llamarle de alguna manera y que por cierto ya cuenta con historial a su espalda de burlas y ofensas a compañeros de profesión, se empeñó en que el fútbol regresara a la caverna, a dejar retratado al ser humano como si no tuviera la más mínima intención de evolucionar hacia algo tan natural como es considerar a todos por igual. No, Prestianni, en esta ocasión no diste una patada al balón, lo que hiciste fue lanzar un aterrador mensaje al mundo de que todavía hay seres que no evolucionan, que permanecen anclados en aquello de creerse mejor que el resto.
Solo él, Vinicius y alguno más que estaba cerca de la triste escena sabe lo que dijo y saben lo de la presunción de inocencia... Su gesto le delata. No era un elogio al brasileño, eso seguro. Sorprende que tras un minuto de discusión se tapara la boca y que acto seguido la reacción del delantero (que sabe encajar) fuera la de correr hacia el árbitro para denunciar al argentino.
Cierto es que se activó el protocolo de racismo y que en ese momento el árbitro poco más puede hacer, pero lo cierto es que Prestianni siguió jugando como si nada pasara y Vinicius con una amarilla por celebrar el gol y compartirlo con la grada, esa que le insultó en reiteradas ocasiones. ¿Hasta cuándo el insulto va a salir gratis?
Lo peor de todo llegó después. Más allá de la actitud de Otamendi mostrando la Copa del Mundo a Vinicius en reiteradas ocasiones, el momento más triste es cuando el Benfica intenta demostrar que no ha pasado nada, que todo es una invención, y enseña en sus redes la imagen en la que el argentino se tapa la boca con la camiseta, como asegurando que nada ha sucedido. Vaya.
Con esto, se vuelve a demostrar que el fútbol no evoluciona en ese sentido. Al Benfica solo le preocupa, como a otros clubes en situaciones parecidas, que no haya sanción alguna. La lucha contra el racismo, si acaso otro día que nos venga mejor. Volverá a pasar. No lo duden. No hay más que ver la reacción de los aficionados al término del partido, violentos y pidiendo justicia a su manera, es decir, con la amenaza como argumento.
El fútbol, pues, va a ser el refugio del intolerante, pero lo más llamativo es que todo parte desde el verde y no han parado en la masa. Fue una noche triste, pero puede ser una de las mejores si se va hasta el fondo del caso, pero no duden de que el argumento en unas horas será aquello de que no hay pruebas. Y así hasta la siguiente, y no olviden que hay casos similares vividos en España.
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Baila, Vinicius.
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