La Finalissima venía de nalgas
La única razón que tenía Argentina para jugar contra España en este momento tan próximo al Mundial eran los millones que pagaban los árabes.

El partido entre los campeones de América y Europa se ha ido al traste. Si vemos algún Argentina-España en el futuro cercano será en los octavos de final de la Copa del Mundo de este verano. Sinceramente, esa cruce echaba para atrás a Scaloni, que vio el cielo abierto cuando se cerró el de Qatar. La única razón que tenía Argentina para jugar contra España en este momento tan próximo al Mundial eran los millones que pagaban los árabes. Una vez que la guerra hizo imposible el contrato, el interés se evaporó.
Creo que ahí está la razón principal de la cancelación de la Finalissima, sin que ello quiera decir que por parte europea tampoco se hayan hecho bien las cosas. Proponer el estadio Bernabéu como hecho consumado no gustó en Argentina. Y es lógico. Desde su perspectiva, sólo el enorme beneficio económico que reportaba justificaba el riesgo de una derrota del vigente campeón del mundo frente a uno de los máximos aspirantes a darle el relevo. Hay que ponerse en sus zapatos.
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Dicho todo lo anterior, que no se dispute la Finalissima no es una buena noticia para los aficionados. Ni tampoco para los jugadores. Me consta que tanto Messi como Lamine, estrellas de ambas selecciones, estaban como locos por jugar el partido. Un Argentina-España, con un título oficial en juego y un Mundial en puertas, es un acontecimiento de interés general que, sin duda, hubiera reventado las audiencias. Además, nos hubiera dado la medida casi exacta de los números 1 y 2 del ‘Ranking FIFA’ a cien días de Estados Unidos, México y Canadá 2026. Pero lo que no puede ser no puede ser y además, es imposible.
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