Opinión

La complejidad de analizar a Arbeloa

Es natural que los jugadores parezcan más aplicados, pero lo complicado es prolongar eso...

Álvaro Arbeloa.
JESUS ALVAREZ ORIHUELA
Axel Torres
Colaborador Diario As
Actualizado a

Si el Real Madrid, por su magnitud y su historial victorioso, es ya de por sí un club en el que los entrenadores son juzgados sin que se les conceda un periodo de gracia demasiado prolongado, con Álvaro Arbeloa se suman además una serie de factores que empujan a la crítica a querer sacar conclusiones prematuras. Su meteórica ascensión hasta el primer equipo, que contrasta con la experiencia que le tocó vivir a su antecesor en el Castilla, Raúl González, ha generado una comprensible corriente de opinión que considera que no ha hecho méritos suficientes como técnico para llegar a una posición de tanto prestigio y responsabilidad: los que la sostienen esperan que llegue el momento en el que los resultados les den la razón. Su identificación con José Mourinho también le ha generado enemigos, y sus ruedas de prensa, en las que muestra un talante en su relación con el periodismo que puede recordar al del portugués −aunque a años luz en cuanto a maestría comunicativa−, no han ayudado a acercar posturas. Por todo ello, la tarea de juzgar el desempeño de su equipo va a resultar compleja, ya que gran parte de los análisis van a partir desde una posición demasiado viciada. También desde el lado opuesto, con opinadores deseosos de dar la razón a una decisión del presidente que, vista desde fuera del ecosistema del club blanco, resultó enormemente sorprendente.

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Que los jugadores parezcan más aplicados tras un cambio de entrenador es algo natural, y más si los mensajes del nuevo inquilino del banquillo se centran en reforzar su papel y en hacerles sentir cómodos. Lo realmente complicado en plantillas llenas de estrellas mediáticas es sostener esa actitud en el tiempo. En Lisboa, en un partido en el que el rival tenía más necesidad −porque obviamente a nivel de estímulo no es lo mismo pelear por no quedar eliminado que por saltarse una ronda−, la distancia motivacional entre los dos objetivos fue muy evidente. Esa cuestión ya no existirá cuando los dos equipos se vuelvan a enfrentar, convirtiendo el precedente de la semana pasada en poco válido a la hora de utilizarlo para pronosticar qué va a ocurrir en el playoff. Ese compromiso será el primero realmente serio en el que Arbeloa, despojado de su pasado y sus simpatías, se someterá al veredicto del terreno de juego.

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