Indefendible
El partido de Vinicius contra el Atlético fue una petición de traspaso en directo

El Madrid pasó a la final de la Supercopa pese a Vinicius. El brasileño firmó un auténtico recital. Un recital de la insoportabilidad. Parecido al hat-trick perfecto de Gonzalo ante el Betis, pero llevado al absurdo. Lo tuvo todo: vagancia, desatenciones, lentitud, errores groseros, piscinazos bochornosos, imprecisiones constantes, protestas, aspavientos. Hasta se encaró por una provocación de Simeone, que es como si el Correcaminos se parase a discutir seriamente asuntos con el Coyote. Vinicius entra como un miura a todas las provocaciones, pero regresa como un percherón trotón cuando toca ayudar en defensa y arrimar el hombro en la presión.
La realidad es que ya le pitan incluso en Arabia Saudí. Antes de viajar al Mundial de México 86, cuentan que Carlos Bilardo reunió a los convocados de la selección argentina y les dijo: “Muchachos, en la valija pongan un traje y una sábana. El traje lo usamos cuando bajemos del avión con la Copa del Mundo. Y la sábana por si perdemos y tenemos que irnos a vivir a Arabia Saudita, porque acá no vamos a poder”. A Vinicius, incluso llevando la sábana por encima, ya le pitarían también allí. Ese es el punto exacto de su situación: insostenible, insoportable.
Ha conseguido lo imposible, la cuadratura perfecta del círculo: que una parte del madridismo le dé la razón a Simeone. Hay que quitarse el sombrero. Nobleza obliga. Su partido en Yeda fue una petición de traspaso en directo. Un burofax futbolístico pidiendo la no renovación en forma de 80 minutos de despropósito. Una dimisión de funciones. El enésimo desafío a un entrenador que ya no sabe qué hacer con él, como aquel programa de televisión en el que familias desesperadas llamaban a un educador para intentar meter en vereda a un hijo adolescente conflictivo, atrincherado en su habitación.
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El desorden de Vinicius fue tal que condicionó todos los cambios del partido, propios y ajenos. Simeone decidió seguir castigando su banda, recolocando a Llorente hasta encontrar el gol. Y Alonso tuvo que meter a Fran García, no sabemos muy bien de qué, solo para intentar taponar las vías de agua que dejaba el brasileño. A Vinicius se le han perdonado durante años errores de conducta. Porque respondía con goles, con actitud, con humildad y con una sonrisa. Hoy ha perdido las cuatro cosas. Hace no tanto, Vinicius era un jugador indefendible. Ahora también lo es, solo que por los motivos equivocados.
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