Gonzalo, un elemento de contagio
La titularidad del canterano, más allá de su estupenda producción goleadora, alimentó el compromiso del Madrid.

Dos inicios enérgicos del Madrid en cada parte le sirvieron para ventilar un partido que solo estuvo en el alero cuando le entró la relajación. Fue un equipo con pulso y fogoso, activo en la recuperación y con movilidad. La titularidad de Gonzalo, más allá de su estupenda producción goleadora, ayudó en este sentido y se percibió como un elemento de contagio. El problema para el Madrid es que es incapaz de sostener los buenos momentos durante los encuentros, con tendencias evidentes al descontrol y la pereza, que es lo que le sucedió cuando el Cucho recortó distancias en el marcador para tener que agarrarse de nuevo a Courtois y a los palos. Antes había hecho muchas cosas bien, después fue ese equipo de contradicciones de toda la temporada.
La ausencia de Mbappé permitió a Xabi Alonso regresar al esquema mental de Estados Unidos. Gonzalo fue su apuesta allí, también ante el Betis. Y el canterano respondió perfectamente a la exigencia con una actuación redonda. No solo demostró su pericia goleadora, sino que resultó parte activa de la convicción del Madrid de recuperar arriba y ahogar la construcción del Betis. Tuvo una dignidad futbolística irreprochable, que alimentó también el fervor de sus compañeros.
Desde esa voluntad general, el Madrid se hizo con el dominio de la trama. Aunque se apagara al final, Vinicius despegó con ganas en el nuevo año y desbordó una y otra vez a Ángel Ortiz, desamparado ante la nula cobertura de Antony. Camavinga llegó bien, Bellingham hizo una exhibición en el despliegue y Rodrygo parece rehabilitado plenamente. Fueron buenas noticias en un Madrid mandón, con vuelo por dentro y por fuera, impulsado además por el balón parado.
Pero también salió la versión más dubitativa de los de Xabi Alonso. La desconexión tras el 3-0, también en el tramo final del primer tiempo, revela que está muy lejos de lo que debería ser. Cuando el escenario se empina, vuelve a las andadas. En esos minutos, sus responsabilidades quedaron contaminadas. El bloque se partió, los de arriba a excepción de Gonzalo dejaron de bajar y el Betis pudo haberle metido de verdad el miedo en el cuerpo. La paz final la trajo el canterano, al que Xabi quitó esta vez cuando le tenía que quitar para que el Bernabéu se rindiera a su cátedra goleadora y su compromiso mayúsculo.
Demasiado espacio

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