Esto es otra cosa
Si defiende como lo hizo contra el Villarreal, el Madrid todavía puede revertir los renglones torcidos de esta campaña. El compromiso colectivo resultó irreprochable.


Un cambio de registro en toda regla devuelve el liderato al Madrid. Al menos, por un día. Arbeloa ha logrado que los jugadores retomen el camino del trabajo y la voluntad, premisas indispensables en el fútbol de hoy que, en el caso del Madrid, auguran réditos mayores. Si defiende como lo hizo contra el Villarreal, todavía puede revertir los renglones torcidos de esta campaña. El compromiso colectivo resultó irreprochable.
La goleada y las buenas sensaciones adquiridas contra el Mónaco hicieron que Arbeloa no le diera demasiadas vueltas al once. Sin Tchouameni y con la vuelta de Carreras, el movimiento fue ubicar a Camavinga en su teórica posición natural. Solo teórica. Pese a sus extraordinarias aptitudes físicas, el jugador francés volvió a evidenciar que no conoce bien el oficio con saltos a la presión a destiempo, un mal manejo de los espacios y errores técnicos de envergadura. Aunque mejoró en la segunda parte, alineado con el crecimiento del equipo blanco y con un pase de quilates para Mbappé, sigue dejando un poso de incertidumbre cuando juega en el mediocentro.
De todos modos, el Madrid no necesitó de la contribución primorosa de Camavinga. El colectivo estuvo por encima de todo. Como ante el Mónaco, en un escenario mucho más complejo, la ética del trabajo destacó como punto de partida con dos líneas de cuatro para no desajustarse. Aunque a veces se alargó como bloque, las mayorías de las ocasiones fue un equipo compacto y responsable que impidió las transiciones del Villarreal, la gran amenaza amarilla. Vinicius fue el primero que apretó la salida de los de Marcelino, que no contaron con la lucidez habitual de un Parejo errado.
Mastantuono personificó ese sacrificio blanco con acciones de presión interesantes y una colocación adecuada para cerrar líneas de pase y activarse después en el repliegue. La cifra de seis recuperaciones refiere a esa actitud laboriosa del argentino y refuerza la percepción de que el aterrizaje de Arbeloa ha modificado su paso en la temporada. Nunca dejó de perseguir a Pedraza y ayudó a Valverde con Moleiro cada vez que la situación lo requirió.
Bajo ese esfuerzo grupal, que necesita de la cuota individual de cada uno de los jugadores, además de la seriedad de piezas como Asencio o Carreras, el Madrid no pasó excesivos apuros ante el Villareal. Es mucho decir para un equipo que tanto ha penado este curso por su fragilidad defensiva. Algo le faltó en ataque, pero aun así explotó con acierto los cambios de orientación de futbolistas como Güler, la movilidad de Mbappé o el atrevimiento de Vinicius ante un Pau Navarro que aprobó el examen. Fue un buen partido de un Madrid líder.
Gueye, a la espalda

Camavinga pierde la posición y deja que Parejo firme una entrega sencilla hacia Gueye, liberado a la espalda del francés. Fue una mala lectura que casi provoca el gol del Villarreal al filo del descanso.
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