En Güler hay jugador
Entre el brillo general, merece la pena detenerse en el futbolista turco. No tanto por lo que hizo, que también, sino por lo que puede hacer en el futuro.


El Madrid se procuró una noche para la reconciliación general. Fuera hostilidades, bajada de decibelios y síntomas de rehabilitación. Aunque el Mónaco puso mucho de su parte para facilitar la faena, el equipo de Arbeloa jugó la clase de partido que necesitaba para recuperar la autoestima. Mejoró Huijsen, se reactivó Camavinga en el lateral, gustó Mastantuono, encandiló Vinicius, goleó Mbappé y dirigió Güler. Si se lo cree, si es capaz de aprender el oficio, el turco es un jugador para cambiarlo todo. Tiene las condiciones y la habilidad, pero hasta ahora no le acompaña la personalidad conveniente para elevarse. Con el Mónaco, atendiendo a la debilidad del rival, sacó nota.
En un acto de justicia, Arbeloa dio continuidad a Güler y Mastantuono, las caras del cambio en la segunda parte frente al Levante. Tampoco limpió a Camavinga del once y lo trasladó al lateral izquierdo, una alternativa que parece encajarle como le sucedía a Ancelotti. En esa posición se desempeñó cuando salió contra el Albacete y repitió ante el Mónaco. El francés es un jugador con desarreglos notorios, pero también con una energía fuera de toda duda. Ante ciertos rivales puede cumplir ahí, favorecido también por la directriz de Arbeloa de aparecer por dentro en fase de posesión.
Sobre esos jugadores, más los intocables, el Madrid construyó una victoria tan sencilla como reparadora. Fue un equipo activo en la recuperación, con compromiso en el balance y agitado en ataque. Un Mónaco tan aparente como anticompetitivo, de buenas maneras con el balón como anárquico en los ajustes defensivos, se vino abajo con excesiva facilidad y se traspapeló en la salida, sin argumentos para evitar su propia destrucción. El Madrid se posicionó con rigor en la presión, correcto entre líneas, espabilado para anticipar y cortar. Esa tensión provocó que el bloque blanco pudiera correr, contexto que le pertenece casi por ley y que le hace ser un equipo bien distinto.
Entre el brillo general, merece la pena detenerse en Güler. No tanto por lo que hizo, que también, sino por lo que puede hacer en el futuro. El turco diseñó el juego, aceleró las transiciones y demostró una conducta eficaz para ayudar en el trabajo sin la pelota. El pase a Vinicius en el 2-0 condensó el fútbol que lleva dentro y cómo puede multiplicar las posibilidades ofensivas de un Madrid al que no le termina de alcanzar en la medular. En Güler hay futbolista, pero lo ha de demostrar con regularidad y en escenarios de máxima exigencia. Esa es la oposición a la que se debe presentar.
Una alianza de tres

Güler baja a recibir, Valverde está abierto y Mastantuono se perfila hacia dentro. El triángulo que formaron funcionó todo el partido, intercambiando posiciones los tres para desbordar al Mónaco.
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