El partido que debería haber visto Fadil Vokrri
Nada de lo que consiga Kosovo podría haber sido sin el expresidente de la federación

Una mañana de agosto de 2013, Fadil Vokrri me contaba en Pristina sus planes y sus deseos. Estaba convencido de que pronto la selección kosovar podría disputar competiciones internacionales y a mí me parecía que hablaba más desde la ilusión que desde la realidad. Sin embargo, sabía muy bien lo que estaba diciendo, y pocos meses después nos vimos de nuevo, en Mitrovica, cuando la FIFA autorizó el primer partido amistoso con reconocimiento oficial, un 0-0 ante Haití que tuvo mucho más contenido simbólico y reivindicativo que puramente futbolístico. Vokrri vivió lo suficiente para ver cómo su gran proyecto llegaba a alcanzar su objetivo con el ingreso de la pequeña federación balcánica que él presidía en la gran familia del fútbol competitivo en 2016. Lamentablemente, falleció en junio de 2018 de manera repentina: un ataque al corazón se lo llevó para siempre mientras corría. El mejor jugador de la historia de Kosovo tenía sólo 57 años y su muerte la lloró incluso el Partizán de Belgrado, en el que había militado entre 1986 y 1989.
Aquel proceso lo seguí muy de cerca y mis numerosos viajes a la región se convirtieron en un libro, Crónicas balcánicas. No habría pasado de la primera página si Vokrri no hubiese decidido interrumpir sus vacaciones en Montenegro para volver a Pristina sólo para recibirme. Le interesaba mucho que su versión se escuchara en España. Hablaba de la necesidad de tener una federación reconocida internacionalmente para mejorar las condiciones de los jugadores locales y de las infraestructuras, ciertamente deficientes. La realidad es que lo primero se está consiguiendo, y las buenas campañas europeas del Ballkani y del Drita demuestran ese crecimiento de los clubes kosovares. Lo segundo está costando más: la primera división se juega en algunos campos decadentes y ruinosos, aunque existe la esperanza de que los Juegos del Mediterráneo de 2030 impulsen la remodelación de muchas instalaciones.
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Mañana, Kosovo se medirá a Turquía sabiendo que si gana estará en el Mundial. Lo hará en un campo que lleva el nombre de Fadil Vokrri. Que él no vaya a poder verlo es triste e injusto, pero su memoria va a estar presente en la mente de todos los espectadores. Nada habría sido posible sin él.
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