El Madrid se pierde de mala manera
Mourinho le recordó que sigue en planta hospitalaria. El equipo de Arbeloa cayó estrepitosamente en un partido que le hará mucho daño.


No se puede decir que nada de lo que le sucede al Madrid termine de sorprender, aunque quizá lo de Lisboa sea un episodio más asombroso que otros. Mourinho le recordó que sigue en planta hospitalaria. El equipo de Arbeloa cayó estrepitosamente en un partido que le hará mucho daño. La progresión reciente quedó interrumpida de mala manera, con consecuencias directas en la clasificación y el calendario que le viene. Arbeloa ya no podrá hacer esa querida pretemporada de febrero.
El Madrid jugó uno de esos partidos que le son conocidos y que le dejan en muy mal lugar. Apenas hubo un cambio de cromos respecto al solvente triunfo de Villarreal. Regresó Tchouameni, salió Camavinga. Pero nada fue parecido. Desde el principio, se vio superadísimo y desconectado del juego. Las transiciones del Benfica, que se hizo dominador del centro del campo cuando le interesó, desnudaron el inestable repliegue blanco. En el Madrid volvió la sensación de ser un día no lectivo para sus jugadores, con vacíos descomunales entre líneas y una dejación de funciones tan evidente como irresponsable.
El Benfica comprendió pronto que el Madrid no estaba. A la espalda de los centrocampistas, hiló el juego y asaltó después las bandas de Valverde y Carreras con Schjelderup y Prestianni. En ese escenario, la zaga quedó vendida, pero los rendimientos individuales de sus integrantes también dejaron mucho que desear. Pavlidis ganó demasiados duelos y Sudakov gozó de espacios para intervenir. Como otra tantas veces, el Madrid se rompió una y otra vez. Aunque Courtois portó el paraguas durante un tiempo, todo se acaba.
Tampoco se advirtió una reacción sentimental del Madrid ante la adversidad. Cierto es que se adelantó, que Mbappé le volvió a acercar después en el marcador, pero se encogió con el balón ante el 1-4-4-2 de Mourinho. Mastantuono fue el de la etapa final de Xabi Alonso, Bellingham se movió equivocadamente y Vinicius casi ni tanteó el desborde. El contraste fue Güler, aunque solo a cuentagotas. Su sustitución en el tramo final resultó extraña y benefició en poco a su equipo.
Con nueve jugadores y gol del portero Trubin al final, el despropósito del Madrid estaba escrito. Lejos de cumplir con las mínimas obligaciones, desanduvo todo lo que había progresado en los esperanzadores precedentes. No se termina de corregir y es incapaz de codearse con el equilibrio que tanto necesita. Bajo una carga simbólica indiscutible, Mourinho le dijo las todas verdades a la cara. Las contrariedades están a la orden del día en el fútbol, pero el problema se da cuando no hay certezas. Eso le pasa al Madrid.
Estructura caída

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