El Madrid no es de fiar
Los fallos, como los de los dos goles, se pagan, aunque de cara al futuro resulta más preocupante la falta de imaginación y velocidad de su fútbol.


Nada puede darse por sentado en este Madrid errante. Contra Osasuna le volvió a alcanzar la flojera cuando parecía haberse arrancado definitivamente en una nueva demostración de sus carencias y capacidad autodestructiva. Los fallos, como los de los dos goles, se pagan, aunque de cara al futuro resulta más preocupante la falta de imaginación y velocidad de su fútbol. Al Madrid le hubiera gustado jugar como Osasuna, arropado atrás y en la búsqueda de las transiciones, pero ese contexto no lo disfrutará en muchas ocasiones. De ahí que el paso por el diván sea otra vez necesario.
De una manera inesperada, Arbeloa dio la alternativa a Carvajal y Alaba en la defensa. Fue una doble decisión de riesgo, aunque entendible desde un punto de vista físico. El técnico dejó descansar a Rüdiger, el central que lo cambia todo, al priorizar la gestión de esfuerzos a la propia trascendencia del envite. Tuvo que pensar que de tropezar en Pamplona había arreglo posterior, no así ante el Benfica. El tiempo lo dirá.
El problema es que enfrente estaban Budimir y Víctor Muñoz. El jugador croata fue un toro que ni Asencio ni Alaba pudieron manejar, agigantándose entre centrales en la enésima clase magistral del oficio de un delantero clásico. En los apoyos y en el área, pero también al espacio, puso en jaque a la zaga blanca, menos atenta que en Lisboa. En cualquier caso, Alaba estuvo infinitamente mejor que Asencio, nada que tampoco deba extrañar. En el lateral derecho, a Carvajal le tocó lidiar con el torbellino de Víctor Muñoz, una de las sensaciones de la competición. Una papeleta que el capitán blanco no fue capaz de resolver ante la explosividad del extremo rojillo. No tuvo cintura, tampoco piernas.
Las consecuencias se trasladaron al marcador y a la tendencia del partido. El Madrid nunca estuvo cómodo, su posesión resultó vacía y la profundidad brilló por su ausencia, sin rastro de verticalidad alguna. Bajo un 1-4-4-2 cerrado y en alerta, Osasuna defendió bien la amplitud, obligó a su rival a mover el balón horizontalmente y desconectó a Vinicius y Mbappé. Sobre el brasileño hubo doble vigilancia de Rosier y Rubén García, mientras que el francés abandonó la posición de nueve, una postura que no benefició en nada a su equipo, sin nada a lo que agarrarse en la finalización. Gonzalo hubiera venido mejor antes; y de nueve, no en la banda.
El Madrid pareció resucitar con el paso de los minutos, más por orgullo que por juego. El que tuvo Valverde, sustituido después erróneamente, para inventarse una acción que sí terminó Vinicius en el sitio que tendría que pertenecer a Mbappé. Una anécdota frente a un Osasuna al que los cambios de Lisci también le impulsaron. Moro y Raúl García pusieron el broche que Ceballos negó al Madrid. Hasta en eso, hubo un claro ganador en el partido.
Mala referencia sobre Budimir

El delantero croata gobernó en el área blanca. En esta acción, que acabó con un remate de cabeza al palo, se aleja de Asencio y Alaba y le gana el duelo fácil a Camavinga. El Madrid no le fijó bien.
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