Opinión

El ‘last dance’ del serbio infinito

Las diez horas de tenis en Australia fueron un soplo de aire fresco en la era de los clips.

Serbia's Novak Djokovic celebrates victory over Italy's Jannik Sinner after their men's singles semi-final match on day thirteen of the Australian Open tennis tournament in Melbourne on January 31, 2026. (Photo by IZHAR KHAN / AFP) / -- IMAGE RESTRICTED TO EDITORIAL USE - STRICTLY NO COMMERCIAL USE --
IZHAR KHAN
Juan Jiménez
Redactor jefe de AS. Fue colaborador en AS (2000-04) y, después de pasar por Málaga Hoy, regresó como jefe de Sección en Málaga. Delegado de Andalucía entre 2009 y 2012, colaboró en la integración digital-papel de AS en Madrid. Cubre la información del Barça y la Selección de baloncesto. Tres Juegos Olímpicos. Colaborador de SER, Canal Sur y Gol.
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Aprender. No se trata de ir contra los tiempos, pero en esta era de prisas en la que ya está demostrado que el consumo de vídeos cortos, se llame la plataforma que se llame, está machacando los pequeños cerebros con sus diabólicos y constantes estímulos, las casi diez horas de tenis en la jornada de viernes del Open de Australia fueron un soplo de aire fresco. Los famosos clips con los que las grandes organizaciones intentan atraer a la gente joven no son suficiente. Sólo masticando las más de cinco horas que Alcaraz tardó en derrumbar a Zverev después de estar al límite por los calambres (“me duele del pie hasta el último pelo de la cabeza”), o las más de cuatro que Djokovic gastó en derrotar a Sinner, catorce años más joven que él, puede entenderse un desenlace que desemboca en una final soñada. Los contextos son imprescindibles. Tal vez, ahora sí, sea el last dance del infinito serbio quien, camino de los 39 años, será el jugador más veterano en jugar una final de Grand Slam en la era Open.

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Disfrutar. Un guiño del destino para Nole en el que siempre ha sido su torneo fetiche, incluso después del veto de 2022, cuando el gobierno australiano impidió su entrada por no estar vacunado del COVID. Tal vez, hasta los dioses del tenis se hayan aliado con él. Las caídas de Mensik y Mussetti durante el torneo le han permitido ahorrar una gasolina sin la que hubiera sido casi imposible ganar a Sinner. El serbio dio una lección táctica. Con la derecha invertida, exploró las debilidades de Sinner en su rincón del revés, lo volvió loco con los cambios en el saque; y lo destruyó mentalmente. Un maestro que, además, se sentía tocado por la varita. Joven. Imbatible. Lo mismo que Alcaraz. Zverev no podía con tanta tonelada de carisma. La final es un regalo. Antes de abandonar la Rod Laver, su pista talismán, Djokovic recordó aquella mítica final de 2012 contra Rafa Nadal. Si la repite, no tendrá que pedir más del 10% de la entrada sino una paga vitalicia.

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