Opinión

El día ya tenía demasiada historia

El Bernabéu no se construyó en Champions para el estatismo sino para el exceso, y la desmesura futbolística no termina de aparecer esta temporada.

El día ya tenía demasiada historia
Juanjo Martín
Lucía Taboada
Colaboradora Diario As
Actualizado a

El mismo día en el que el Gobierno desclasificó los documentos del 23F falleció Antonio Tejero porque este país lo empiezas y no te lo terminas. Tan solo sobraron cuarenta y ocho horas para que hubiese coincidido con el propio 23F dándole, si cabe, más teatralidad al asunto. Y en esta jornada dramática e histriónica saltó el Real Madrid al Bernabéu sin un ápice de afectación histórica, casi con tensión pachanguera.

El equipo fue de menos a más porque ir de menos a menos exige una vocación autodestructiva importante. Al inicio de la segunda parte creció agarrado al músculo de Tchouameni (el mejor del encuentro) y la zancada de Valverde. Entre los dos le pusieron orden al partido y lograron hilvanar más de una buena jugada ante un Benfica contagiado por la anemia inicial. Sin embargo, pronto se le vieron de nuevo las costuras a los blancos, una fragilidad intermitente que asoma cuando el rival se pone más exigente.

El encuentro siguió así, con la sensación de que podía pasar cualquier cosa y, al mismo tiempo, ninguna memorable, hasta que apareció Vinicius sumando otra proeza cuantitativa y ganándose el derecho a bailar de nuevo con el banderín de córner. A partir de ahí reinó la tranquilidad, una emoción que siempre se agradece en eliminatorias tan abiertas y ajustadas.

Es evidente que el equipo de Arbeloa ha aprendido a competir y a administrar ventajas, pero en el contexto de las grandes noches europeas sigue dejando un regusto un tanto insípido y desabrido. Quizá porque el Bernabéu no se construyó en Champions para el estatismo sino para el exceso, y la desmesura futbolística no termina de aparecer esta temporada.

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Si algo nos ha demostrado esta competición es que la historia cede ante quien la mira con suficiente descaro, como Lazar Samardžić, que ayer por la tarde, en el minuto 98, decidió que la mejor forma de lanzar el penalti que confirmó la remontada del Atalanta ante el Borussia Dortmund era metiendo un trallazo por toda la escuadra.

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