Opinión

El Barça de las noches imposibles

Los empates discretos no molestan a nadie, pero un bofetón de semejante calibre es como tirar una zapatilla a la jaula del león.

El Barça de las noches imposibles
PIERRE-PHILIPPE MARCOU
Rafa Cabeleira
Actualizado a

No diré que me sorprenda, pero hay algo inquietante en el optimismo que destila la afición del Barça a medida que se acerca el partido de esta noche. Una confianza sospechosa, casi irresponsable, como si todo el mundo tuviese que pedir permiso a sus padres para quedarse despierto hasta tarde y disfrutar del partido, incluidos esos mismos padres: no importa la edad que tengan ni el número de hijos a su cargo. El 4-0 de la ida no ha sido interpretado como una sentencia y en el Metropolitano empieza a hacerse una pregunta incómoda: ¿no habría sido mejor firmar un 0-0 aburrido? Los empates discretos no molestan a nadie, pero un bofetón de semejante calibre es como tirar una zapatilla a la jaula del león sin haber comprobado antes la resistencia del candado.

El culé de nueva piel, el que no sabe dónde queda Basilea ni le reza a Dios para que lo libre de Guruceta, ha decidido que cuatro goles no son ninguna montaña, tan solo una excusa para no ponerse en movimiento. Hablamos de un nuevo prototipo de aficionado que va al gimnasio sin que se lo exija el cardiólogo. Que no es bueno en matemáticas, pero tiene enemigos virtuales en los cinco continentes. Que no ha leído a Galdós ni el Don Balón, pero le basta con medio vídeo de Roncero para ponerse al día con los Episodios nacionales y tocar arrebato, remontada. Inconsciencia es lo mínimo que se despacha a estas horas. Y si algo necesitará el Barça esta noche es cualquier forma de invocación al peligro.

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Nadie hablará de milagros en ese vestuario: ni tienen edad para creer en ellos, ni creen necesitarlos, tan solo la dosis justa de concentración, ritmo, presión alta y acierto en los metros finales. Pero fuera, en las barras de bar y en las paradas del autobús, todos parecen haber asumido que ha llegado el momento de la fe irracional. De ser bandidos y kamikazes. De poner el mundo patas arriba, pues solo perdiendo la cabeza se consigue un resultado desquiciado, que es lo que necesita el Barça para dejar por escrito un nuevo mandamiento: nunca despiertes al gato que vive de las noches imposibles.

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