El abrazo de Alonso a Honda
Desde el ‘paddock’ no se ve un equipo en caída libre, sino un grupo de gente con talento empleándose a fondo para salvar la temporada.


Alonso llegó a la parrilla de Suzuka, se bajó del coche y fue abrazar a Koji Watanabe, máximo responsable de competición de Honda. No fue un gesto forzado, primero lo hizo sin cámaras y luego lo alargó frente a su coche y ante algunos fotógrafos locales. Superado el estado de shock, el AMR26 ha pasado de no poder rodar y poner en riesgo la salud de los pilotos a completar una distancia de carrera. El balance de los últimos tres meses es bochornoso, pero la lectura de las últimas semanas muestra a dos organizaciones, Aston y Honda, volcadas con todos sus recursos para superar una crisis que tiene pocos precedentes en la F1.
No es cuestión de maquillar el desastre. Aston ensambló un equipo de diseño galáctico, con Newey a la cabeza, y se aseguraron en exclusiva el motor que ha ganado cuatro de los últimos cinco Mundiales. Apenas trabajaron en el coche de 2025 para volcarse en el proyecto del cambio de reglas, porque existía el convencimiento de que podrían meter la cabeza entre los grandes y luchar por victorias desde el principio. Luego se supo que en realidad había retrasos de producción, un túnel de viento defectuoso, el enésimo cambio de team principal y por último, las vibraciones.
Pero ya han pasado tres carreras. Todo esto ya no es nuevo. Se han estrellado y la reconstrucción será lenta y tediosa. Llevará un par de meses recibir evoluciones para al menos acercarse a la cola del grupo y luchar por salvar la Q1; y parece improbable que Alonso luche por puntos antes de la segunda mitad del año, o más bien el último tercio. Así que no aportará mucho repetir cada domingo que el AMR26 sigue último y doblado, en su lugar habrá que vigilar el ritmo de recuperación y la diferencia relativa con los grandes y los rivales directos.
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Y en este contexto, la imagen de Alonso y Watanabe en la parrilla de Japón cobra aún más peso. Podría, como Newey, referirse con sorna al hecho de que Honda destinara a algunos de sus ingenieros de F1 “a hacer paneles solares”, o podría clamar por la radio que “esta es la mayor mierda” que ha pilotado, como se escuchó al otro lado del garaje. Fernando seguramente tenga más motivos que nadie para hacerlo, no tiene mucho tiempo para recuperaciones milagrosas y ya sufrió la entrada de Honda en la F1 híbrida con McLaren. Pero no ignora que nadie está más abochornado que los ingenieros japoneses, que llevan semanas de trabajo ininterrumpido. Desde el paddock no se ve un equipo en caída libre, sino un grupo de gente con talento empleándose a fondo para salvar la temporada. No hay guion de Hollywood, puede que esta historia acabe mal y el último capítulo de Alonso en la F1 resulte incompleto. Pero si él abraza a Honda, no queda otra que tener paciencia.
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