Opinión

Dos condenas: a Prestianni y a Mourinho

No hay provocación que justifique el racismo y menos si quien la invoca, la ha practicado.

Mourinho discute con Vinicius durante el Benfica-Real Madrid.
FILIPE AMORIM
Luis Nieto
Director adjunto de As
Director adjunto. Licenciado en CC de la Información por la U. Complutense y máster en Transformación Digital y Estratégica (EOI), inició su carrera en el Diario Ya. Trabajó El Independiente y Diario 16. Llegó a AS en 1996. Ha ejercido las funciones de jefe de fútbol, redactor jefe, subdirector, director de la página web y director de Información.
Actualizado a

En abril de 2021, durante un Cádiz-Valencia, el franco guineano Mouctar Dikhaby amenazó con abandonar el partido al asegurar que el defensa amarillo Juan Cala le llamó “negro de mierda”. Finalmente desistió para evitar una sanción. LaLiga abrió una investigación, repasó las imágenes de las 14 cámaras que cubrían la retransmisión y los audios y buscó incluso una empresa especializada en la lectura de labios, que solo pudo concluir que Cala utilizó las expresiones “mierda”, “déjame en paz” y “perdona, no te cabrees”. En definitiva, no encontró prueba que incriminara a Cala, como parece que tampoco aparecerá ninguna que condene a Prestianni.

Lo que ya es inevitable, sea cual sea el desenlace de la investigación abierta, es la condena social al argentino. Nadie se emboza en una refriega si no es para ofender. Nadie amaga con abandonar el campo si el insulto no es de máxima gravedad. Ningún equipo amenaza con una retirada de consecuencias imprevisibles si no está seguro de lo ocurrido. Ahora la UEFA llamará a declarar a las partes, analizará los gestos (Prestianni pareció paralizado tras la reacción de los jugadores del Madrid), buscará los audios y probablemente no encontrará la confirmación de que a Vinicius le llamaron “mono”, pero al Madrid no le ha hecho falta para creerle, ni a Brasil, ni a la inmensa mayoría de la prensa internacional, incluida la portuguesa.

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Por eso resulta inexplicable la reacción de Mourinho. O no, si se tienen en cuenta los antecedentes del personaje, apologeta del vale todo. Ante un insulto racista sobra cualquier alusión a una provocación previa, que tampoco pareció tal más allá de una celebración tan sobreactuada como cientos de las que vemos cada fin de semana. Un insulto racista es siempre una reacción desproporcionada a cualquier hecho previo, sea cual sea. Jamás debe utilizarse como justificación y menos en el caso de Mourinho, cuya carrera esta repleta de celebraciones estrafalarias, bajo los aspersores o ante el banquillo del Villarreal. Es de esperar que esto ayude a reducir el censo de madridistas nostálgicos de quien nunca representó los valores del club.

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