Don Tancredo vestido de blanquivioleta
Ese es el Real Valladolid. Un equipo que espera que baje a salvarlo el Espíritu Santo del cielo.

Tancredo López fue un novillero valenciano que popularizó en 1899 la suerte de salir vestido de blanco y subirse a un pedestal en el ruedo, esperando inmóvil al toro para que este no lo atacara al confundirlo con una estatua. Este personaje dio origen al popular dicho de ‘hacer el Don Tancredo’, que en nuestros días significa que hay personas que, ante una crisis, deciden no actuar, cruzarse de brazos o evadir su responsabilidad, esperando que el problema se solucione solo o no les afecte. Ese es el Real Valladolid. Un equipo que espera que baje a salvarlo el Espíritu Santo del cielo. Solo así se entiende que vayas a jugar dos veces en tres semanas a campo del colista y hagas los peores partidos posibles y te vengas de vacío.
Da la sensación de que el equipo de Escriba piensa que se va a salvar más por deméritos de los demás que por sus propios aciertos. El colchón de cinco puntos con el descenso permite respirar a los pucelanos pero a falta de ocho jornadas no les garantiza la salvación. Van a necesitar ganar, al menos, dos o tres partidos y seguir echando un vistazo a lo que viene por detrás y, por eso, es incomprensible la sensación de relajación y falta de necesidad que muestra este equipo a la semana siguiente de obtener un buen resultado. A eso se le llama conformismo y dadas las circunstancias es algo que no se puede permitir desde las altas esferas de la entidad.
Y gracias que el Mirandés pudo pegarle el susto que le pegó al Zaragoza y dejarle a cinco puntos del Real Valladolid porque si no hubieran ganado los mirandeses en el Ibercaja ahora estaría el descenso a solo dos puntos de los de Escribá. Por eso urge que, de una vez, tomen consciencia los futbolistas que tienen que mantener el mismo nivel de concentración e intensidad en cada entrenamiento y en cada partido hasta el próximo 31 de mayo. Solo así serán capaces de ofrecer su mejor versión que es la que se necesita para certificar la permanencia en Segunda División. A esta plantilla no se la exige más de lo que puede dar. Ha quedado claro que el nivel no es para aspirar a mucho más, pero sí al menos para conseguir el objetivo de salvarse y eso es lo mínimo exigible, fundamentalmente porque está en juego el futuro de la entidad.
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Acabará la temporada y llegará el momento de valorar la gestión de los propietarios del club, teniendo en cuenta lo que encontraron, y del director deportivo. Ahora no estamos en esa fase puesto que lo único en lo que hay que centrarse es en apoyar al máximo y colaborar en la consecución de la permanencia. Y la próxima estación es la del Eibar, rival que viene lanzado pero que puede ver cortada su racha si los de Escribá hacen las cosas bien. Y hacer las cosas bien es dejar de hacer el Don Tancredo, personaje del que ya tienen toda la información. Y les reconozco que viendo resbalarse a algunos jugadores del Valladolid en el Reino de León, por momentos se me vino a la cabeza la estampa de aquel histórico novillero valenciano.
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