Derrota injusta, pero esto no va de merecimientos
El Athletic volvió a pagar su falta de eficacia ante la meta contraria.


El último capítulo de la trilogía entre el Athletic y Barcelona fue el que menos goles convocó, pero se resolvió como los otros dos, el de la primera vuelta en el Camp Nou y el de la Supercopa, con victoria azulgrana. Si aquello fue un descalabro, con un 9-0 en el global, esta vez el resultado fue mínimo, sólo una genialidad de Lamine acabó con la resistencia rojiblanca. Por cierto, hubo cargas policiales al final, hacía mucho que los alborotadores, esa gentuza que sobra, no daban la nota.
Se lavó la imagen de Anoeta, de hecho, mostraron su enfado por aquel traspié; fue un ejemplo de entrega para recuperar sensaciones. Se tuteó al líder y puede hablarse de tropiezo con honor. Una semana para olvidar tras lo de la Copa. De nuevo encaja el equipo, demasiados partidos sin dejar la portería a cero.
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No se puede fallar tanto. Y menos ante los grandes, porque ya se sabe que si estos tienen una, te castigan tanta falta de eficacia. Como la gente ya no usa pañuelos, San Mamés sacó las cartulinas blancas del mosaico del inicio para mostrar su malestar con Munuera Montero. Se recordó a Negreira, se mostró con furia mucha rabia por un arbitraje muy malo, lamentable, pero los que al final perdieron fueron los jugadores. De forma injusta, pero esto no va de merecimientos. Como bien dijo Valverde, si Lamine fuera de Bilbao..., pero no lo es.
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