Del diván de Freud al sofá de Arbeloa
no sólo se trata de una simple descripción física de su despacho de Valdebebas, sino de la afirmación de una filosofía de gestión de los individuos que forman el grupo.

Cada día que pasa me gusta más Álvaro Arbeloa como entrenador del Real Madrid. Cuando está sentado en el banquillo durante los partidos, cuando dirige de pie los entrenamientos y cuando se presenta en las ruedas de prensa. Y la de ayer, en concreto, fue maravillosa. Ante todo, porque tocó uno de estos temas que me encantan y que, creo yo, es esencial para vivir y entender nuestras propias vidas. Hablo del psicoanálisis. Cuando el técnico madridista se refiere a su (a partir de ahora) famoso “sofá gris”, no sólo se trata de una simple descripción física de su despacho de Valdebebas, sino de la afirmación de una filosofía de gestión de los individuos que forman el grupo. Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, había convertido su diván (un regalo de una paciente, Madame Bevenisti, alrededor de 1890) en la pieza central de su estudio. Tumbado ahí, el paciente podía expresarse con confianza y relajación.
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Al hablar de su sofá gris, Arbeloa explica claramente que cualquiera que quiera confesar sus dudas y penas, incluso cólera, encontrará a alguien para escuchar. Como si fuera a un psicoanalista. Actuar así no sólo me parece brillante, sino también inteligente y estoy seguro, por haber recurrido al psicoanálisis durante muchos años, que el efecto será muy constructivo para los jugadores que se atrevan a llamar a la puerta del técnico y sentarse en el sofá.
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