Opinión

Cemento y lecciones en La Cartuja

El estadio ofreció un aspecto desolador. No jugó Zubimendi y Yeremy y Olmo ocuparon los extremos. Samu disfrutó de minutos, pero no del partido. Se le vio incómodo.

La Selección durante el partido ante Turquía.
MIGUEL MORENATTI
Santiago Segurola
Actualizado a

La Selección cerró con un trámite el entremés clasificatorio del Mundial. Para otros es una pesadilla que se reitera cada cuatro años. El de Italia es un caso sangrante. Infalible durante décadas, cuatro veces ganadora del título, no acude a la competición más prestigiosa del fútbol desde 2014. Afrontará la repesca con angustia, problema que España ha vuelto a ahorrarse esta fase. Funciona como un reloj en los torneos de clasificación.

Dijo poco el partido contra Turquía, cuya crecida en el orden mundial del fútbol no es novedad, pero todavía algo lejos de las grandes potencias. Y España lo es. Barrió a los turcos en el primer enfrentamiento, el memorable 0-6 que liquidó cualquier posibilidad de pugna entre los dos mejores equipos del grupo. Fue una pieza maestra de la Selección, que no se permite mediocridades. No ha perdido ninguno de los últimos 31 partidos oficiales. Por el camino ha ganado la última Eurocopa.

La Cartuja ofreció un aspecto desolador. No llegó a la media entrada y la abundancia de cemento reveló un desinterés hasta cierto punto sorprendente. Era un buen día para saludar un momento inmejorable de la Selección y, de algún modo, despedirla ante la aventura que le espera en el Mundial. Después de 26 años de existencia, a La Cartuja, que debutó con una fabulosa edición de los Mundiales de atletismo, no ha adquirido una verdadera identidad futbolera.

Si en el partido precedente, contra Georgia, se contabilizaron varias bajas entre los habituales titulares, frente a Turquía se añadieron más ausencias.. No jugó Zubimendi, convertido en un referente esencial del equipo, y De la Fuente tiró de Yeremy y Dani Olmo para ocupar los extremos. Es un lugar natural para el jugador canario, enrolado en el Crystal Palace desde el verano, pero circunstancial para el centrocampista del Barça. Llegado el momento apareció donde le gusta para marcar el primer gol de la Selección.

El carácter del partido invitaba a la experimentación. El gigantesco Samu disfrutó de minutos, pero no del partido. Dio constantes señales de incomodidad. Es un tipo de delantero de difícil encaje en un equipo que se encuentra en las antípodas de las condiciones que requiere el joven Samu. ¿Qué mejor ocasión para probarle, sin embargo?

Aleix García ocupó la posición de Zubimendi. No se impuso como director de orquesta. Le faltó presencia, jerarquía o como se llame a esa cualidad, tantas veces intangible, que distingue a los auténticos jefes en el campo. Con toda seguridad, De la Fuente tomó notas a pie de campo. El partido le vino de perlas para medir el rendimiento de los inhabituales y destacar un axioma tan viejo como el fútbol. Los pronósticos en las grandes competiciones se van al garete en un instante.

Noticias relacionadas

En el Mundial de 2010, fuera de la semifinal contra Alemania, el mejor partido de España fue el inaugural, frente a Suiza. Una mala comunicación de Casillas y Piqué significó el gol y la victoria de los helvéticos. Desde ese momento, el Mundial fue un martirio, convertido en éxtasis por el gol de Iniesta en los últimos minutos de la prórroga. En La Cartuja, Turquía colocó a España en una situación que probablemente se reeditará en el Mundial de Estados Unidos, México y Canadá y no importa lo favorita o lo bien que juegue la Selección. También necesitará un carácter de acero.

¡Tus opiniones importan! Comenta en los artículos y suscríbete gratis a nuestra newsletter y a las alertas informativas en la App o el canal de WhatsApp. ¿Buscas licenciar contenido? Haz clic aquí

Inicia sesión para seguir leyendo

Sólo con tener una cuenta puedes leer este artículo. Es gratis
Gracias por leer
Etiquetado en:
Comentarios
Normas

Rellene su nombre y apellidos para comentar

Te recomendamos en Opinión

Productos recomendados