Bernal ordenó el tráfico en el Spotify
El chico todavía juega al ralentí, pero lo hace muy bien. Ordenó el tráfico y mejoró al equipo.


Con mucho menos brillo que el curso anterior, una derrota dolorosa (PSG, por cierto, otra vez en un posible horizonte) y otra fea (Chelsea), pero con el mismo espíritu (remontadas contra Eintracht, Slavia y Copenhague), el Barça ya está donde quería: en el top-8 de la Champions para ver el playoff de repesca en el sillón de casa y evitarse un calentón innecesario en febrero que le complicase los otros dos frentes que todavía tiene abiertos y en los que también tiene grandes esperanzas. El partido acabó en fiesta, con el Camp Nou convertido en una bombonera, celebrando el regreso de Araújo, sus goles y los de Mourinho, curiosos guiños del fútbol. Pero tuvo su nudo.
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El Barça, otra vez frío de inicio, encajó el 0-1 y echó de menos la jerarquía de De Jong y la creatividad de Pedri en la primera parte. Paradojas, el pelotazo a Eric pudo ser la solución para Flick, que metió a Marc Bernal. El chico todavía juega al ralentí, pero lo hace muy bien. Ordenó el tráfico y mejoró al equipo. Aunque la tormenta la desataron Olmo (otra vez un poco de Dani es mucho) y Lamine, metido en esa misión personal que es devolver la Champions a Barcelona más de una década después. No fue una gesta, porque el rival no era de campanillas. Pero es una evidencia que este Barça se tiene fe. Le va a hacer falta para hacer cosas grandes en esta Champions.
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