Baskonia es la magia de la Copa
Después de dos años ausente en la Copa del Rey, el Baskonia ha conquistado el Roig Arena contra todo pronóstico, empujado por su pasional afición, tumbando por el camino al Barça y al Real Madrid.


La magia de la Copa tiene alma baskonista. No hay mejor ejemplo de lo que significa este torneo, y de lo que trasciende este club, que el relato de este certamen. Después de dos años ausente en la Copa del Rey, después de haber participado únicamente en dos de las cinco últimas ediciones, el Kosner Baskonia ha conquistado el Roig Arena contra todo pronóstico para levantar por séptima vez el trofeo, 17 años después de la anterior. Y lo ha logrado tumbando por el camino al Barça y al Real Madrid, los dos gigantes del basket español, igual que hizo el Unicaja Málaga en 2023, otro equipo con espíritu copero y otra ciudad que, como Vitoria, respira baloncesto en cada rincón. Es bueno para el deporte que surjan sorpresas como esta victoria del Baskonia o aquella del Unicaja. Y es bueno que existan competiciones con atractivos formatos que las permitan.
Ahí radica la magia de la Copa del Rey. Y también en la grada. Antes del último bocinazo, el equipo vasco ya había ganado de calle la final de los aficionados. Su amor por este torneo es tan alto, que los hinchas baskonistas suelen viajar incluso a la Copa ACB aunque su equipo no esté clasificado. Ellos son el origen de ese distintivo encuentro de aficiones que pinta de color el sábado de competición. Deberían tener una invitación vitalicia. Su pasión es contagiosa. No importa que el Baskonia llegara a Valencia con tantas bajas, ni importa que enfrente tuviera a uno de los bloques más potentes de Europa. La Copa es la Copa.
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Con esa motivación extra, el equipo de Paolo Galbiati, el otro italiano, logró tutear al Real Madrid, que volvió a sucumbir en su segunda final de la temporada. En la previa flotaba la sensación de que Sergio Scariolo iba a levantar el primer trofeo de su nueva etapa, de que la verdadera final se había disputado el día antes, cuando Mario Hezonja remató el milagro de remontar al Valencia los cinco puntos de ventaja que llevaba a veinte segundos del final. Nos equivocamos. Todo puede pasar en la Copa. Y todo puede pasar si el Baskonia está presente.
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