Arbeloa, valiente a su manera
Hubo tiempo para la gestión de minutos y el deleite de la cantera. La apuesta del entrenador blanco por Aguado, Manuel Ángel, Palacios o Yáñez no fue de cara a la galería.


Tres días después del golpe en la mesa contra el Manchester City, el Madrid alargó su estado de bienestar. No le pesó el mal de oficina, síndrome que sí le afectó en las visitas del Celta o Getafe, y saldó deudas pasadas ante el Elche con una nueva victoria convincente. Valverde volvió a arrogarse el liderazgo y puso el encanto en una noche que acreditó el nivel de confianza que atraviesa. Está lanzado.
Pese a ser un partido de entreguerras, con el desenlace de la eliminatoria ante el City en el horizonte, Arbeloa apenas se ahorró nada de primeras. Su alineación consagró la importancia del compromiso. Se cayeron Trent y Güler; entraron Carvajal y Camavinga. Tanta emergencia física en el Madrid parece que podría aconsejar una administración más intensa de los esfuerzos. Pero sin margen para fallar, no había espacio para rotar demasiado en una plantilla recortada por tanta lesión. Ya lo hizo después con la ventaja en el marcador. Casi acabó con el Castilla.
El tránsito soso del inicio tuvo un dominio más posicional del Elche. Aquello no molestó al Madrid, más cómodo desde la reactividad y bien estructurado en líneas generales. Solo alguna descompensación en el carril interior y en la vigilancia sobre Febas comprometió su estabilidad. Nada grave. Arbeloa parece haber logrado reducir las distancias entre sus jugadores y, al mismo tiempo, que estos sean más regulares en sus esfuerzos sin el balón. Desde esos postulados, todo le es más fácil al Madrid, más si cabe ante rivales como el Elche, en un proceso de inseguridad y descomposición evidente.
Es cierto que al equipo blanco le costó meterse en faena en el apartado ofensivo, aunque nunca fue por falta de ganas. Encontró en las pérdidas del Elche la mejor manera de impulsarse. Ahí volvió a reafirmarse en la autoridad de Valverde. El uruguayo nunca se había ido, pero está claro que Arbeloa ha patrocinado su despegue quitándole todos los corsés posicionales. Llega y no está, rompe y carga. Además, Thiago Pitarch mantuvo su crecida, Brahim ofreció una buena actuación y Fran García subió por la izquierda con peligro.
Hubo tiempo para la gestión de minutos y el deleite de la cantera. La apuesta en la segunda parte de Arbeloa por Aguado, Manuel Ángel, Palacios o Yáñez no fue de cara a la galería, sino un acto de coherencia y valentía. El 2-0 es un resultado engañoso, con Camavinga y sus cosas más todavía, pero al entrenador del Madrid no le tembló el pulso para terminar con tanto recluta junto. La cantera, bien lo sabe Arbeloa, no desentona, como la zurda de Güler.
Directo a la frontal

Valverde conduce la transición y realiza una apertura para Fran García. El uruguayo acompaña para optar a finalizar la jugada. Así lo hizo, con una definición mayúscula.
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