Ancelotti, perfecto para el Madrid
Entiende el carácter del club y sus peculiaridades, pero también sabe que el Madrid no espera a nadie y vive muy mal las derrotas. Es el más adecuado, aunque le esperan dos meses bajo la lupa

Con cuatro puntos más que en este campeonato, un gol menos y los mismos encajados, el Real Madrid se dirigía el pasado año a una temporada triunfal. Destacadísimo en la Liga, había superado con grandes sobresaltos al Paris Saint-Germain en los octavos de final de la Copa de Europa, como lo ha logrado frente al Liverpool en esta edición. Con menos dramatismo, pero preso de angustia en el primer cuarto de hora del partido en Anfield. Desde la estadística, no existe una diferencia tangible entre la versión actual y la precedente del equipo, pero sí en la del Barça, que esta temporada ha cobrado una ventaja de 12 puntos sobre el Real Madrid y 23 sobre sus propios números en el campeonato anterior.
La escapada del Barça, que apunta a una cifra cercana a los 100 puntos, territorio que sólo ha explorado una vez en su historia (Liga 2012/13), funciona como espejo deformante en el recorrido del Madrid. Aunque los números del equipo de Ancelotti son idénticos, a falta de resolver la semifinal de Copa, competición que el Madrid no gana desde hace 10 años, la percepción es diferente.
Desde hace meses se habla del Madrid en términos transitorios: la adaptación de los jóvenes, las dudas sobre la renovación de los veteranos, los fichajes puntuales para posiciones sospechosas -los dos laterales, especialmente- y la situación de Ancelotti, aparentemente menos consolidada este año. Basta observar los comentarios de ciertas firmas para interpretar la posición del club con respecto al entrenador. Por si acaso, se suceden alegremente los rumores que asocian al técnico italiano con la Selección brasileña.
Ancelotti es el entrenador perfecto para el Real Madrid, aunque muchas veces el club, su hinchada y el periodismo no lo crea. En el Madrid habita una vieja tensión entre las garantías ofrecidas por un tipo de técnico como Ancelotti, que interpreta al club y al equipo con una astuta elegancia, y las expectativas que despiertan los entrenadores de moda, mediáticos, ruidosos, desbordantes de ego.
A un lado, con todas las diferencias que se quieran, se encuentran Ancelotti, Zidane y Del Bosque: siete Copas de Europa en este siglo, que todavía no ha cumplido su primer cuarto. Enfrente, técnicos cortados por el patrón de Capello y Mourinho, provistos de un gran currículo, calificados de duros, esencialmente preocupados por el poder y etiquetados, o auto etiquetados, como ganadores, hasta que el Real Madrid los humaniza y les coloca en su sitio.
Los experimentos del Madrid con los técnicos de moda no han funcionado bien y en algunos casos han terminado muy mal, a pesar de la fascinación que en la cúpula del club provoca la figura del entrenador intransigente y divisivo, invariablemente empeñado en colocarse por encima de la institución.
Por lo que informa su historia, el Madrid ha sido, es y será un club que privilegia al futbolista, a diferencia del Barça, que distingue sus grandes épocas con nombres de entrenadores: Helenio Herrera a finales de los años 50, Cruyff en los 90 y Guardiola recientemente. Real Madrid ha caminado por otra ruta. En ningún momento ha pasado a la historia por la influencia de sus técnicos en el panorama mundial.
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No ha sido el Ajax de Michels, el Milán de Sacchi, el Liverpool de Shankly, Barça de Cruyff, Atlético de Simeone y en estos días el City de Guardiola. Su grandeza está prendida de nombres de futbolistas, desde Di Stéfano hasta Modric, Benzema, Courtois, Kroos y quién sabe si Vinicius o la próxima estrella que aterrice en el equipo.
Ancelotti entiende perfectamente el carácter del Madrid como club y sus peculiaridades, dificilísimas de interpretar para el común de los entrenadores, incluidos los más populares o prestigiosos del momento. También sabe que el Madrid no espera a nadie y vive muy mal las derrotas. Es el técnico más adecuado, pero le esperan dos meses bajo la lupa.





