Un Panda de los 80, un equipo campeón y un nuevo desafío

Comentaba Simeone la semana pasada en Oporto, aún en pleno subidón, que una de las cosas que más le habían emocionado del partido fue ver a Luis Suárez, una estrella que lo ha ganado todo y que el año pasado marcó 21 goles decisivos para la Liga, salir corriendo desde el banquillo como un poseso y medio cojo para celebrar los goles de sus compañeros. Porque eso es también el Atlético, y ahora que las cosas no van tan bien conviene recordarlo. El Atleti campeón fue un bloque donde los unos confiaban en los otros, se cubrían, se lo creyeron y juntos dejaron fotos que son ya historia colchonera, como la piña del gol a Osasuna, la fiesta del aparcamiento de Zorrilla y la aventura del Fiat Panda ochentero para regatear a Filomena.

Pero el Atleti, más allá de un grupo muy bien avenido, ganó la Liga siendo un equipazo y debe (y puede) acercarse de nuevo a aquello. Porque defendía muy bien y atacaba aún mejor. Supo sufrir cuando tocaba, pero sobre todo dejó muy buenos ratos de fútbol con una gran riqueza táctica. Le achucharon Madrid y Barça al máximo y aguantó apretando los dientes cuando muchos se relamían fantaseando con un fracaso del Cholo. Y fue campeón porque fue el mejor, claro. Ahora le toca ser perseguidor y el Atleti no puede quedarse mirando con cara de pena y pensando ‘vaya, no pudo ser, a ver si a la próxima’. Está obligado a rebelarse y hacérselo pasar mal a los de delante como ocurrió a la inversa hace unos meses. Como mínimo. Y además, ir al abordaje del Manchester United de Cristiano y De Gea. Como mínimo también.