Fútbol, educación y moral

Como la fuerza en el universo de Star Wars, el fútbol es una herramienta capaz de sacar lo mejor o lo peor de las personas, dependiendo de quien la domine. Hablo en el sentido educativo, claro. En manos adecuadas puede ser un instrumento para enseñar a los participantes en el juego lecciones que aplicar después en la sociedad y en nuestro día a día. La más importante es que se gana o se pierde siempre en equipo, que los esfuerzos individuales tienen su sentido en el contexto del beneficio común. En manos perversas, sin embargo, el fútbol puede ser el perfecto caldo de cultivo para los comportamientos más negativos, tanto de jugadores como de todo ese enorme entorno que conforman los hinchas, familias y entrenadores.

Albert Camus escribió: "después de muchos años en que el mundo me ha permitido variadas experiencias, lo que más sé acerca de moral y de las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol". Lo dijo en positivo. Camus fue feliz en sus tiempos como portero. Es curioso, sin embargo, que la famosa sentencia del existencialista tenga sentido también en clave contraria: las peores lecciones morales sobre nuestros semejantes a veces se aprenden en el verde.

Varios niños juegan al fútbol en el patio del colegio.

Hay colegios en los que se está intentando erradicar el fútbol del patio, como si fuera una mala hierba. Los pedagogos detrás de esto se basan en endebles argumentos sobre la ocupación del espacio y la bondad de juegos alternativos para justificar su odio a la pelota, que no se deja nunca dominar y a la que los pequeños juegan en libertad. En otros centros, por el contrario, el fútbol funciona en paralelo al propio modelo educativo. Mientras en las aulas se trabaja en clave inclusiva, en la extraescolar se segrega a niños y niñas por supuestas capacidades desde edades en las que aún creen en el Ratoncito Pérez y se les exige como si fueran profesionales. Aquí el fútbol es un paréntesis moral: lo que no se tolera en la enseñanza de matemáticas o literatura, se fomenta en los entrenamientos.

Entre la prohibición de la pelota y su uso darwinista social hay toda una gama de posibilidades. La pelota es solo una herramienta; el fútbol, un juego. Depende de nosotros el uso que le demos.