Hasta siempre, Sheriff

Estos días hemos aprendido más sobre Transnistria de lo que hubiéramos hecho en toda una vida. El fútbol tiene un componente geopolítico inigualable. Los ojos de los enviados especiales nos han situado en un territorio completamento desconocido, un lugar que ni siquiera ubicábamos en el mapa. Todo ello gracias al Sheriff, un gigante en su territorio que es diminuto cuando sale de él. Anoche se despidió de la Champions abrochando la Europa League, que no es poco. Incluso habiendo sido goleado en casa por el Madrid, su participación por primera vez en la máxima élite es absolutamente histórica. Ahí queda para siempre la gesta en el partido de ida en el Bernabéu.

Conmueve comprobar que en un fútbol tan dirigido e inaccesible aún quedan historias quijotescas que echarse a la boca. El Sheriff de esta Champions fue Don Quijote luchando contra molinos de viento, algunos de la altura y de la fiereza de Real Madrid e Inter. Esa es la cruda realidad. Contra la clase de Kroos o el talento de Benzema es muy difícil imponerse, a pesar de que no faltó un gramo de ímpetu en Tiraspol. Quién sabe si este fue el último partido del Sheriff como local en una Champions, si volveremos a ver a un conjunto moldavo entre los grandes, si el Madrid pisará suelo transnistrio de nuevo o si un luxemburgués conseguirá hacerle otro gol. Proezas que ya son inolvidables.