San Antonio en Londres

Desde que el Tottenham anunció el fichaje de Antonio Conte imagino una escena. En mi delirio, veo al italiano sentado en mitad de Hotspur Way, la despampanante ciudad deportiva del club, mientras una congregación de futbolistas aquejados de los más diversos males, verdadero ejército de tullidos sobrevenidos, guardan cola a la espera de que el santo salentino les imponga las manos. Si nos toca Conte sanaremos. ¡Mira lo que sucedió con su pelo! Por cierto, también he reflexionado mucho sobre si su prodigiosa melena aguantará un segundo embate de lluvia londinense, pero de ese milagro hablaremos otro día.

Conte, durante su primer partido con el Tottenham.

Ayer leí en Twitter a Alberto Egea expresar una de las ideas que marca el regreso de Conte a la Premier League: que este es el mayor reto de su carrera por la dificultad del objetivo. Imposible no coincidir con uno de los mejores analistas futbolísticos de este país, pero también recuerdo que la pasión de Conte por arremangarse es lo que le define. Recuerdo que debutó agarrando al Arezzo en Serie B a pesar de los seis puntos de sanción que arrastraban por los desmanes de Calciopoli, que tampoco le importó asumir en un Bari en caída libre hacia el infrafútbol siendo él una de las últimas estrellas del Lecce, el eterno rival. O cómo encontró a la Juve y al Inter y acabó sacudiendo ambas instituciones.

Mi filosofía como entrenador es muy simple: jugar buen fútbol y que sea atractivo”, dijo en su presentación. Exactamente lo mismo que le espetó a Andrea Agnelli en aquella primera comida que le abrió las puertas del banquillo de la Juventus. Con la misma ambición y seguridad en su método, le dijo entonces al jefe que la Juve jugaba como un equipo de pueblo y eso no se podía permitir. Basta recordar lo que sucedió después y escucharle ahora para calibrar el impacto de su fichaje por los Spurs. También para constatar la dictadura inglesa en el negocio. Mientras clubes históricos como el Barcelona piensan en remiendos (mucha suerte a Xavi en su adaptación a esta democracia, la española, sin duda no tan plena como la catarí), el séptimo clasificado de la anterior Premier acaba de contratar a uno de los mejores entrenadores de la década.