Con afición, emoción contenida y con el mismo sufrimiento

Emotivo. Desde el 7 de marzo de 2020 no hubo aficionados en las gradas del Wanda Metropolitano. Casi año y medio sin seguidores en el estadio del Atlético. Para todos un eternidad. Casi un año y medio que se ha hecho casi interminable. El club madrileño decidió acordarse de esos abonados y socios que ya no están y para los que el Atlético era algo muy importante en sus vidas. El ramo de 379 claveles rojos y blancos en memoria de estos seguidores fue la imagen del partido. Cada uno se acordó de sus seres queridos y permítanme que yo lo haga de mi madre. No era rojiblanca, ni nació con esa pasión, pero le apasionaba ver al Atlético ganador. Recuerdo aún volverse loca de alegría por el triunfo en Champions ante el Liverpool. Después de cada partido hablabámos y analizábamos cada partido como si fuéramos Simeone y su cuerpo técnico. Cada pérdida tiene una historia detrás, unos sentimientos, unas vivencias que salieron a flote antes del partido ante el Elche. Emocionó ver al violinista Pablo Navarro tocar el himno del Atlético en un estadio con un silencio sepulcral. Instantes inolvidables.

 

El título. Koke y el socio número 1 del Atlético, Pedro Palmero, ofrecieron a los seguidores rojiblancos el título liguero conseguido la pasada temporada. Los hinchas del Atlético se llevaron una enorme alegría con la consecución del campeonato. La pandemia propició que futbolistas y cuerpo técnico no pudieran celebrarlo con sus seguidores. Una lástima, porque el fútbol es por y para los aficionados. El Atlético festejó en los prolegómenos esa Liga que tanto costó ganar. Un acto simple pero necesario. Y seguro que la emoción se adueñó otra vez de muchos recordando ese Tercer Anfitetro desde donde los que ya no nos acompañan verán a su Atleti. Quizá le faltó al club recordar a Capón, Peiró, Jones, Miguel, Antic... quienes fueron leyenda en la entidad madrileña.

Futuro. La vida sigue, como decimos cada vez que queremos encontrar consuelo donde muchas veces no hay. La vida sigue y el fútbol vuelve a tener público en las gradas (frente al Elche, 24.926 espectadores). Ahora sólo con un cuarenta por ciento pero Dios quiera que con más asistencia en los próximos partidos. Ojalá dentro de poco puedan acudir familias enteras al estadio. Porque eso será sinónimo de que esta pesadilla queda atrás y el mejor homenaje a todos es desempeñar lo mejor que podamos y sepamos nuestras tareas. El Wanda Metropolitano no registró ni media entrada, pero el Atlético ya notó el calor de los suyos. Y eso ya es mucho. Se escucharon los gritos de ánimo, jalear a Simeone, aplaudir las entradas por banda de Llorente y el gol de Correa. Por fin un tanto del Atlético pudo ser festejado desde las gradas.

El juego. Después, como no puede ser otra manera, de hablar de los que están en ese Tercer Anfiteatro, también hay que animar a los que están pendientes de su equipo. Mucho ánimo a Julio de las Heras, de Morata de Tajuña, o a Giulio, que vino desde Italia para estar en este partido. Y da ánimos y ganas de seguir adelante ver a esa peña de Lorca haciendo una fiesta de cada partido del conjunto rojiblanco.El Atleti y el fútbol puede con todo y nos sigue ilusionando como siempre. No jugó un partido brillante el equipo del Cholo, pero sacó los tres puntos y ha empezado bien la temporada. Había mucho temor ante estos tres primeros encuentros, ya que muchos de los teóricos titulares aún están haciendo su particular pretemporada. Hubo gente, emoción contenida, pero el mismo sufrimiento de siempre.

Angelito. Correa, uno de esos jugadores que por su humildad se gana a todo el mundo, hizo el 1-0 y redondea un mágico inicio de campaña, tan bueno como la conclusión de la pasada Liga. El argentino simboliza como pocos los que es el Atlético. Lleva ese ADN rojiblanco y la afición le quiere con pasión, a pesar de sus increíbles fallos en algunos partidos. Pero si alguien merecía marcar en el Wanda Metropolitano y en esa vuelta de los aficionados, era él.