La imperfección soñadora de España

De no ser por la expulsión de Freuler no sabemos qué hubiera sido de España. En un trance decisivo jugó su partido más tibio, a excepción de aquella segunda parte contra Polonia, hasta que en la prórroga logró alargarse por fuera y manejarse mejor por dentro ante la brillante disciplina táctica de Suiza. No marcó, ofuscada ante el gol, con el que arregló a medias su relación desde la tanda de penaltis. Antes se abonó a un sufrimiento merecido, porque se excedió en intentar tener un control que nunca gozó del todo y se olvidó de atacar con mayor agresividad. En el debe de la Selección hay que poner muchas cosas, pero también hay que hablar del tesón, la armonía y la entereza del equipo de Petkovic. El rendimiento del trío formado entre Sommer, Elvedi y Akanji refiere posiblemente a la mejor actuación defensiva de la Eurocopa.

Entre ciertas notas de conformismo, España se vio al límite. El gol tempranero antecedió al juego y en vez de ayudar fue un elemento de distorsión. La ausencia capital de Xhaka la resolvió Petkovic con la entrada de Zakaria y un cambio de sistema sin balón para responder a las virtudes de España. Se situó en una especie de 1-4-2-3-1 para hacer vigilancias individuales a cada par. Shaqiri y Seferovic se dividían para quedarse uno con la atención de Busquets, pero el mediocentro español entendió cómo recibir por detrás de esa primera línea de presión suiza. La Selección gestionó el juego de posición, con los extremos abiertos, bien Ferran de inicio y distanciándose entre líneas Pedri de Zakaria. Pero se quedó muy corta al no avivar la circulación de balón. De esta forma, con un gobierno del partido muy laxo, dejó crecer a Suiza, de menos a más, siempre dispuesta a la batalla. El empate de Shaqiri fue de pura justicia e hizo temer lo peor.

La posterior superioridad numérica sacó a España de la duda y le brindó un dominio absoluto. Debió ahorrarse la tanda de penaltis tras una prórroga lúcida. Busquets y Pedri hilaron el juego, Jordi Alba llegó todo el tiempo, Dani Olmo ofició con enorme criterio entre la banda y las zonas interiores, Oyarzabal fue valiente y Marcos Llorente tomó la línea de fondo y el área. Sin gol. No importó porque Unai Simón se agigantó después. España sigue en la Eurocopa, con lo bueno y con lo malo que tiene. No acaba de despejar esa sensación de vulnerabilidad latente y tampoco cierra algunas heridas ofensivas que parecían postergadas tras el desquite frente a Eslovaquia y Croacia. Es una selección imperfecta, pero viva esta imperfección.

Con sentido

Dani Olmo abandona el costado para hacer daño desde el sector central. Su movimiento habilita una línea de pase clara para Pau Torres y da origen a la ocasión de Oyarzabal atajada con acierto por Sommer.