Dupasquier y el riesgo omnipresente

Poco importan los resultados de las carreras el día que muere un joven de 19 años. La vida sigue, qué remedio, pero el fallecimiento de Jason Dupasquier en Italia vuelve a recordarnos, con crudeza, los riesgos intrínsecos del motociclismo. Puede sonar obvio, aunque ciertamente muy a menudo nos olvidamos de ello, ignorando lo mucho que está en juego cada vez que un piloto se sube a su máquina para desafiar los límites de la física, arriesgar su integridad y buscar la gloria del éxito. La seguridad absoluta es una utopía en la competición, sus protagonistas lo saben y lo asumen, aunque aceptar desgracias como la de Mugello es doloroso.

Los circuitos mejoran año a año, también la tecnología de las motos y, por supuesto, el equipamiento de protección de los deportistas. Los accidentes mortales son menos frecuentes que décadas atrás, siendo las colisiones o los atropellos las situaciones menos previsibles, controlables y más peligrosas. Cuando un piloto cae sobre el asfalto y el resto llega a continuación, el desastre acecha. Y poco se puede hacer para minimizar este riesgo, en la esencia de las carreras figura rodar de ese modo, sin apenas márgenes de error y confiando en que todo irá bien. Sin embargo, por desgracia sabemos que no siempre es así... Descanse en paz Jason.