Otro espejismo
Los barcelonistas miran a su líder esperando un gesto que no llega. Se espera el número final que Laporta ha focalizado en la figura de Guardiola. Un espejismo más.


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El pueblo culé asiste atónito a la parálisis de la gestión del más dinámico de sus líderes. Joan Laporta ganó las elecciones de calle en base a un consenso entre los votantes que valoraron mucho más su probada capacidad de acción que un programa electoral liviano. Como candidato, Laporta no reveló ni quien sería su entrenador, ni su director deportivo ni habló de bajas por respeto a la plantilla. Habló de unos bonos que han quedado en el olvido, denostó a Goldman Sachs que ahora aparece como la única tabla de salvación del club y exhibió músculo con Jaume Giró, que se bajó del barco al día siguiente de la victoria. Como presidente sigue sin entrenador, sin director deportivo y sin dar bajas.
Nada de eso importó a unos votantes que confiaban en la proverbial capacidad de Laporta para salir victorioso de los peores laberintos. Laporta era ese amigo que siempre tiene una solución cuando todo parece perdido. Ahora, cuando en verdad todo parece perdido, los barcelonistas miran a su líder esperando un gesto, una idea o una iniciativa que no llega. Los espejismos de Haaland, por su amistad con Raiola, de Alaba o de cualquier estrella ya se han desvanecido. Se espera con ansia el número final, el conejo de la chistera, que Laporta ha focalizado en la figura de Guardiola. Un espejismo más. Si le sale será un número digno del mejor Houdini y podrá volver a decir "que n'aprenguin", pero me da que, como le pasó a Houdini, el número final es el que no sale. Y por el camino, se está pisoteando a un mito como Koeman, del que se puede prescindir, pero que de ninguna manera merece este trato de segundo plato que se guarda en el congelador a la espera de ser recalentado un día de necesidad. Hoy, Laporta sale a escena.





