Álvaro García-Nieto

Un sábado cualquiera

Un sábado cualquiera un conocido cualquiera me comenta que fue al colegio con David López, que era un chaval cualquiera, con la diferencia de que le convocaban para jugar a fútbol con los mayores y, cuando iba con los de su edad, se metía de portero y aun así marcaba cuatro goles. Ese sábado cualquiera, que fue el sábado pasado, David López acababa un partido cualquiera y rompía a llorar, como un perico cualquiera, como un tipo de treinta y un años cualquiera que asumió la responsabilidad de capitanear a la plantilla del peor Espanyol de la historia, a la plantilla con la mayor presión de la historia del Espanyol, para ascenderla. Lágrimas de liberación y de redención. Lágrimas de haber soportado críticas, burlas, el peso de unas declaraciones en El Sadar, el peso de ser el primero en la lista de responsables con autoridad, categoría y calidad como para exigirle la culpa máxima, el perdón supremo.

Hace años, no recuerdo cuántos, leí un artículo cualquiera de Francesc Via en Pericosonline, uno de esos que quizá escribiera en un móvil cualquiera sentado en un bar cualquiera cenando un bocadillo cualquiera después de un partido cualquiera pero que, a un lector cualquiera, le despertó como un cubo de agua fría en la cara una mañana de invierno cualquiera. Hablaba de la atención mediática al Espanyol, de cómo al aficionado perico más le valía volverse al búnker y centrarse en el búnker. Algo así como que uno sólo está a salvo en casa. El plato en la mesa, el aceite y el pan. La resistencia íntima.

A un cuarto de hora para el final, el Zaragoza-Espanyol parecía un partido cualquiera.

El sábado fue un día cualquiera en el que sucedieron cosas extraordinarias como el ascenso del Espanyol y el fin del toque de queda que acabó en verbena, pero la mayoría hizo la de Kafka cuando Alemania le declaró la guerra a Rusia: fueron a nadar, o al supermercado, o a pasear, o vieron una peli tirados en el sofá. Nos pasamos gran parte de nuestra existencia pensando en qué pensarán de nosotros, y eso es una pérdida de tiempo, sobre todo si supiéramos lo poco que piensan en nosotros. La temporada que viene volveremos a ser un club de Primera cualquiera. Y ahí reside nuestra fuerza, en no ser más que un club, en ser un grupo de personas cualesquiera con nuestras taras, nuestras sombras, nuestra historia, nuestras ilusiones y nuestras pasiones bajas. Donde un tipo cualquiera puede llevar el brazalete o firmar un artículo cualquiera como este, donde un grupo de gente cualquiera puede convertir un sábado cualquiera y una temporada en el pozo cualquiera en una viaje lisérgico lleno de luces y colores.