El derecho de Morata y la anomalía de Llorente

Con Qatar a lo lejos y la Eurocopa más cerca, el paso en falso ante Grecia atenuó el horizonte más próximo de España. Del 6-0 a Alemania de noviembre apenas continuó el brillo de Morata, cuya aportación hasta en partidos que no se vinculan a su perfil parece quedar fuera ahora de toda duda. En un escenario inhóspito para cualquier delantero, se manejó con destreza en el apoyo, engendró espacios para las rupturas de Canales y Olmo y atacó con conciencia ese hueco entre lateral-central tan difícil de proteger para cualquier estructura defensiva. Junto al pie de Koke, Morata puso a España en el camino correcto, aunque después pasó lo que pasó. Ni Rodri es Busquets, ni Íñigo Martínez es Ramos.

El sentido del espacio de Morata contrastó con las limitaciones que tuvo Marcos Llorente en su sorprendente papel como lateral. En el Atlético no ha tenido ni continuidad —los duelos ante el Celta y el de ida contra el Chelsea— ni rendimiento en esa ubicación y extrañó la decisión de Luis Enrique de colocarlo ahí. Se limita su capacidad de conducción al verse obligado a recibir casi siempre en posicional y se acota el terreno para correr hacia delante. De poco sirvió (ver imagen) el intercambio de rol ocasional que practicó con Koke. Marcos Llorente ha llegado a la Selección por jugar cerca del área y no actuando en situaciones tan rezagadas.

Koke abierto, Llorente dentro

Koke toma la posición de lateral y Llorente oficia de interior para tener opciones de alcanzar con agresividad la línea de fondo. Una maniobra que se quedó muy corta.