ALFONSO HERRÁN

¿Qué tal si pasamos sin agonía?

Nuevo ejercicio heroico del Athletic, que pasa su tercera eliminatoria en penaltis en dos años. Lleva 11 cruces solventados. Raúl García y Simón, los héroes.

Alfonso Herrán
Coordinador en la delegación de País Vasco de Diario AS desde 2017. En 2008 entró en Diario AS como redactor de polideportivo y desde entonces es su casa. Le gusta tocar todos los palos, pero ahora está más centrado en realizar las crónicas del Athletic y el Bilbao Basket. Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Deusto.
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O matas al Athletic diez veces, o no lo vas a ver muerto jamás. A este Athletic y al que llevó Garitano. La Copa y la Supercopa han sacado un alma heroica, indomable, épica que emociona en San Mamés. Nuevo ejercicio de suspense ante el Betis en unos cuartos que parecían asequibles, pero se enredaron por el regreso a una versión muy espesa. Se notó mucho la baja de Muniain, que une con su talento líneas y desestabiliza al enemigo con sus unos contra uno. Como en Elche y Tenerife, de nuevo los penaltis sonrieron a los bilbaínos. Unai Simón correteó lateralmente por la línea de meta para descentrar a los posibles verdugos. Los lanzamientos fueron perfectos por parte vizcaína. El que más arriesgó fue Morcillo, en su primer gol como león, la mandó al clavo de arriba. Este equipo tiene tanta confianza en sí mismo que ni con 1-0 en el aliento final se descentra. Así que ¡cómo le van a maniatar los lanzamientos de pena máxima!

Villalibre en la Supercopa en el minuto 90 y esta vez Raúl García (seis goles en ocho partidos) en el 93 pasado... templan los nervios como un abogado muy avezado en un juicio que ve perdido. No podía ser de otra manera. Como en los 70 y en 2005, el debate ante los verdiblancos se resolvió desde los once metros. Un giro hacia la historia. Los ocho partidos de Marcelino (hoy cumplía un mes en el Botxo) no dejan indiferente a nadie. Le da suerte el Villamarín: allí levantó un 2.0 con el Valencia para luego apuntillar en Mestalla y ganar la final ante el Barça. Esta vez ambos jugaron a lo mismo: a especular, a estar bien posicionados y esperar el fallo enemigo. Cuando aparecieron los jugadores de talento locales, quizá se vio algo de peligro, pero el encuentro fue muy chato. Van 11 eliminatorias seguidas ganadas. Este equipo empieza a sentirse indestructible, su espíritu de supervivencia hace que las balas le atraviesen y no caiga. Pero ¿qué tal si pasamos una sin agonía? Por ejemplo las semifinales. El corazón lo va a agradecer. A dos partidos de otra final, a cuatro del triplete.... ¡Ay Marcelino de mi vida!

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