El día de la marmota reparece en el Madrid

La descendente espiral del Real Madrid alcanzó su mínimo en Alcoy, donde fue derrotado por un equipo de Segunda B, integrado por jugadores semiprofesionales, cuyas preocupaciones son las de la gente común. Azotada por uno de los ratios de COVID-19 más agudos de España, superior a 2.000 casos por cada 100.000 habitantes, la localidad alicantina encontró la breve pero potente satisfacción comunitaria que el fútbol genera en ocasiones. La victoria del Alcoyano se recordará de aquí en las próximas generaciones. La derrota del Madrid se olvidará como tantas otras, pero su impacto en el club es muy duro en estos momentos.

El recorrido del equipo en los últimos partidos señala una crisis que ha pasado de preocupante a grave. El Madrid cerró 2020 con un empate en Elche (18º en la Liga). Venció al Celta (12º) en Valdebebas, empató en Pamplona con Osasuna (19º), fue eliminado por el Athletic (13º) en las semifinales de la Supercopa y se estrelló con el Alcoyano, que remontó en la prórroga con uno de sus jugadores expulsados.

La secuencia es tan gráfica que no admite excusas, recurso que el Real Madrid utiliza cada vez con más frecuencia y un efecto debilitante. Los dos empates en el campeonato de Liga se produjeron ante rivales que están en puestos de descenso. Se enfrentó a dos equipos (Celta y Athletic) que han atravesado una situación tan agobiante que han requerido la llegada de nuevos entrenadores.

Su descenso al suelo terrenal, el del fútbol de toda la vida, el que exige entereza y sacrificio sin coartadas, se concretó en el pequeño y vacío campo del Alcoyano, donde las voces de los suplentes del equipo alicantino se escuchaban cada vez más rotundas y entusiasmadas. La hazaña era posible, y vaya que lo fue.

No hay nada como la Copa para darse un baño de realidad. Cada temporada deja heridas las reputaciones de los equipos de postín. Como en El día de la marmota, la aclamada película de Harold Ramis en la que cada día regresa al precedente con el sonido del despertador, la Copa reitera su comportamiento año tras año, pero nadie parece recordarlo. Es un regreso al viejo aroma del fútbol popular, sin pretensiones clasistas. Ojalá perviva. No será fácil en el escenario que clubes como el Real Madrid y FC Barcelona pretenden.

Zidane vive su película particular. También ha regresado a la delicada posición que precedió a las victorias contra el Sevilla, Borussia Moenchenglabach y Atlético de Madrid, semana mágica que acabó con los malos augurios y rumores que flotaban alrededor del técnico. Un mes después, los fuegos salpican al equipo y al club. Muchos de ellos se escenificaron en Alcoy.

El Madrid jugó con una alineación de jugadores competentes –todos internacionales antes o ahora, la mayoría en selecciones de gran prestigio–, pero varios de ellos parecen fuera de onda, bien porque no juegan o porque no aprovechan sus oportunidades. Esta temporada han aportado poco o nada.

Marcelo, Isco, Militao, Odriozola o Mariano, son un ejemplo de esta atonía. Vinicius ha perdido el entusiasmo que le hizo valioso. Se sabe prescindible para Zidane y probablemente para el club. Hazard es un caso aparte. Necesita partidos, pero no figuró entre los titulares en la Copa. Se trata del fichaje que más expectativas ha despertado desde el de Gareth Bale, con quien comienza a sufrir comparaciones, con un déficit para el belga. Bale, un problema ambulante, tuvo el don de aparecer a lo grande en dos finales de la Copa de Europa.

La responsabilidad de Zidane no es, ni mucho menos, única en la trayectoria del Real Madrid. El Madrid gastó hace dos temporadas 300 millones en los fichajes de Militao, Mendy, Jovic, Hazard y Rodrygo. El joven brasileño, una incógnita todavía en muchos aspectos, es el que más esperanzas despierta en el madridismo. Añorar a Jovic es oportunista. En el Madrid nunca dio la talla.

El equipo envejece. Sin un buen reemplazo, sus figuras –Modric, Benzema, Kroos, Sergio Ramos– salen castigadas de este calendario sin respiro, que pasa por Barcelona, Milán y también por Alcoy, donde no se admiten coartadas. El Madrid no las encontrará esta vez.