Sergio Pérez desmonta las teorías de Red Bull

Menos Albon, como damnificado al quedar fuera de la parrilla, diría que la satisfacción por la continuidad de Sergio Pérez en la Fórmula 1 es generalizada. Por varios motivos. Principalmente porque se trata de un piloto solvente, experimentado, con un palmarés por debajo de su potencial y que todavía no ha dicho su última palabra en este deporte. Verle al volante de un Red Bull y espoleado por la rivalidad por ese huracán llamado Verstappen supondrá un aliciente más en los grandes premios, que necesitan de ellos. Fue expulsado de Racing Point de forma poco elegante y hubiera resultado injusto acabar su carrera deportiva de ese modo, sin una auténtica oportunidad en una escudería al nivel de su talento, intentando demostrar hasta dónde puede llegar con un monoplaza competitivo.

Por otro lado, la llegada de Checo al equipo energético supone casi un hito en su historia, al menos desde la época triunfal de Vettel y con Webber como compañero. Su apuesta se ha sostenido desde entonces en la juventud y en la propia cantera, se jactaban incluso de ser una auténtica apisonadora de pilotos al sobrarles entre los que elegir (que le pregunten a Jaime Alguersuari). Con el mexicano rompen con esa filosofía, no encuentran entre los suyos el relevo adecuado para Albon y recurren a un veterano de 30 años. No me parece mal que se replanteen conceptos que esgrimían casi como inamovibles, en el deporte y en la vida suele resultar provechoso mostrarse flexible y, por supuesto, menos soberbio. Pérez no está moldeado por el temible sargento de hierro Marko, así que también será interesante descubrir el desarrollo de esa relación.