Sainz es mucho Sainz

Comentaba con Carlos Sainz hace unos días que su tenacidad es un modelo a seguir para todos los que ya hemos superado la cincuentena. El suyo resulta un caso excepcional de capacidad, pundonor y pasión, aunque no por ello deja de antojarse inspirador sobre lo que se puede conseguir en el deporte más allá de lo que condicione una fecha de nacimiento. A los 58 años, este 2020 ha sido muy especial para él, incluso con las durísimas circunstancias de la pandemia. Empezó conquistando su tercer Dakar, siguió con el reconocimiento del Premio Princesa de Asturias de los Deportes, confirmó que defendería su título en el gran raid y se cerrará con el Premio As.

Un galardón a esta temporada magnífica para Sainz y también a una trayectoria extraordinaria. Más allá de los éxitos evidentes de su palmarés, lo ejemplarizante en mi opinión es su actitud: la búsqueda permanente de la excelencia, su preparación incansable, la superación de cualquier obstáculo para alcanzar sus objetivos. Ha triunfado en el deporte como lo ha hecho en los negocios, basándose siempre en unos valores que también ha querido inculcar a sus hijos, ahí tiene al varón de ellos rumbo a la leyenda de Ferrari. Nada de esto es por casualidad, quien piense lo contrario desprecia lo que la figura de Carlos Sainz representa en el deporte español.