El cántaro se vuelve a romper

El Barça fue de nuevo el peor Barça de las últimas temporadas. Un desastre sin paliativos, como dijo de Arias Navarro el rey viejo. Hubo la insinuación genial de Pedri, el único que aportó luz a esta sombra triste que fue el equipo que ayer lució sin brillo su estridente uniforme de chicle. La presencia del muchacho de Tegueste le dio fuste al equipo, desdibujado Messi, a la espera de entusiasmo. Pero a Koeman se le ocurrió quitar a Pedri para componer una alineación sin atrevimiento. Cuando llegó Ansu Fati el campo conoció algunas convulsiones del chicle azulgrana, pero Nyon, al que el árbitro le mostró un inmerecido afecto, lo derribó para avisarle.

Estas consideraciones no desmerecen en absoluto el triunfo getafeño. El equipo de Bordalás estuvo en el papel que le concede la inteligencia de uno de los mejores entrenadores de LaLiga: puso al Barça en su sitio, le destruyó jugadas clásicas y, al fin, lo dejó sin armas, sometido a la ilusión y a la fe que es distintivo del equipo del Coliseum. Al Barça le queda quitarse ahora su obsesión por el arte y ensayo. El sábado tiene una batalla de la que depende el futuro de su ánimo.