Por fin el Bayern ganó con justicia

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Siempre se ha dicho que paradójicamente el Bayern había ganado la mayoría de las finales de Champions que mereció perder y perdió la mayoría que mereció ganar. En España lo sabemos bien: Schwarzenbeck logró el milagro muniqués en 1974 con un gol en el último minuto de la prórroga ante un Átlético que fue mejor y tres días más tarde fue avasallado en el desempate (4-0), mientras que en Valencia todavía recuerdan cómo dos penaltis (el que metió Effenberg para empatar y el que falló Pellegrino en la tanda) evitaron que la Orejona brillara en las vitrinas de Mestalla. Por contra, el United le arrebató en 105 segundos una final que tenía ganada en el minuto 92 en el año 1999. También el Chelsea, que empató en el último minuto del partido de la edición de 2012 y al que Cech salvó de la derrota deteniendo un penalti a Robben en la prórroga.
Pero esta vez el Bayern traicionó su historia y ganó con merecimiento. No fue la apisonadora que había deslumbrado en el resto de la competición pero llegó con más ganas y mejores sensaciones. No se aplasta al Barça de manera tan humillante para perder una final ante un equipo sin historia. Flick lo sabía y acertó en todas sus decisiones. Coman, que había sido suplente ante el Lyon, le dio la victoria con un cabezazo tras un centro de Kimmich, que jugó en el lateral a pesar de que muchos le reclamaban en el centro del campo. El que sí jugó en el medio fue Thiago, en su último partido con el Bayern, y se marcó otro partidazo. Es verdad que Neuer fue determinante, pero, a pesar de las paradas del meta alemán, el Bayern siempre pareció sentirse más cómodo que su rival. En líneas generales fue mejor que el PSG. Y ganó. Paradójico.



